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Notificaciones judiciales por correo electrónico

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Detrás de cada notificación judicial hay alguien cuya vida puede cambiar. Es necesario que la Rama Judicial, a través de todos los juzgados, implemente un servicio que permita comprobar la trazabilidad del envío, recibo y lectura de sus comunicaciones y notificaciones.

Entre el phishing y la nulidad

El correo electrónico se ha convertido en uno de los medios de comunicación más comunes alrededor del mundo, en todo tipo de entornos: desde los correos personales, pasando por entornos corporativos y comerciales y llegando hasta las entidades públicas, en el marco de procedimientos administrativos rigurosos.

La existencia del correo electrónico ha generado la transición de cartas físicas y telegramas a las comunicaciones digitales, permitiendo ahorrar tiempo y dinero, además de facilitar el diálogo con personas que no siempre se encuentran en un mismo sitio o que viven en otra ciudad o país.

Aunque la transición se vivió primero en entornos personales y comerciales, hoy en día es común que, por ejemplo, las entidades públicas remitan comunicaciones y notificaciones por medios digitales, algo que hasta hace unos años era impensable, pues se trata de procesos reglados con directrices más estrictas.

Según The Radicati Group, en 2024 se enviaron y recibieron 361.600 millones de correos electrónicos diarios en el mundo, lo cual demuestra el crecimiento de este servicio. Esta masificación del uso del correo electrónico también ha impactado a la Rama Judicial, sobre todo después de la pandemia: hoy en día el correo electrónico es la puerta principal de las notificaciones judiciales en Colombia.

Sin embargo, la facilidad del correo electrónico también ha generado al menos dos grandes retos relevantes: por un lado, la trazabilidad del mensaje, dado que no siempre se tiene certeza de que el correo ha llegado a su destino y, por el otro, la seguridad informática, porque los cibercriminales envían correos fraudulentos haciéndose pasar por juzgados.

La incertidumbre del “enviar y rezar”

Una empresa envía a un trabajador el preaviso de terminación del contrato laboral y se queda esperando una respuesta que nunca llega; un ciudadano radica una PQRS exigiendo respuesta pronta frente a una solicitud de un subsidio monetario; un abogado remite la contestación de una demanda antes del vencimiento del plazo fijado por la ley. Tres situaciones distintas que comparten las mismas preguntas: ¿el correo llegó? ¿Podré probarlo si la otra parte lo niega? ¿Cómo se puede probar el contenido del correo enviado y de sus archivos adjuntos?

La respuesta honesta es más compleja de lo que parece: la mayoría de las personas y empresas confía en el pantallazo del correo enviado, en el “✓✓" del cliente de mensajería o en las opciones de “confirmación de lectura” que ofrecen Outlook o Gmail; sin embargo, cuando esas pruebas se llevan a un proceso, se descubre algo incómodo, dado que ninguna de ellas demuestra, por sí sola, que el mensaje llegó al buzón del destinatario, ni mucho menos que el destinatario lo abrió. De hecho, un estudio de Validity, empresa especializada en correo, indica que cerca del 10 % de los correos enviados en contextos específicos no llegan a su destino.

Esta misma problemática también se observa en los distintos juzgados del país, dado que la gran mayoría de las notificaciones y comunicaciones son enviadas por correo electrónico normal, dificultando cualquier trazabilidad posterior. Este problema no es nuevo, pero se ha vuelto urgente porque esta falta de trazabilidad puede generar nulidades, retrasar trámites, abrir camino a fraudes de distinta índole, entre otras consecuencias negativas.

El correo electrónico no es una caja de cristal

Para entender por qué el “pantallazo del correo” no es la prueba que la gente cree, conviene mirar lo que pasa entre el clic en enviar y la lectura del mensaje por parte del destinatario.

Cuando una persona envía un correo, su programa de correo entrega el mensaje a un servidor de salida que lo traslada a la red. Ese servidor consulta el sistema de nombres de dominio para ubicar al servidor del destinatario y le entrega el mensaje (luego de estos pasos el remitente no podrá saber con certeza qué pasó con su mensaje).

El servidor del destinatario, por su parte, lo procesa, lo somete a filtros antispam y antivirus, lo clasifica y, solo si todo sale bien, lo deposita en la bandeja de entrada del usuario final.

Una vez explicado este proceso, debe subrayarse que cada........

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