Condena de Bustos, ¿fin del “Cartel de la toga”?
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Cuando la sal se corrompe, la putrefacción moral llega a una altura impensable, por ejemplo, la de los jueces de la cúspide del Estado. Hace 16 años, la sal se pudría en unas oficinas de la Corte Suprema, mientras la sociedad colombiana, ajena al pacto criminal que se cocinaba, le rendía admiración a esa corporación por la lucha que, allí, daban otros de sus miembros –menos exhibicionistas que los corruptos que la dirigían– cuando buscaban las pruebas sobre el alcance de la “parapolítica”. Así se llamó el acuerdo entre delincuentes de cuello blanco (congresistas, gobernadores, alcaldes) y bandas de asesinos uniformados (paramilitares) para feriarse el poder público y los dineros oficiales. La historia es como sigue: en 2009, tal vez un poco antes, una comisión de magistrados auxiliares de la Suprema, conformada para investigar las transacciones delictivas entre los políticos y los matones del Clan Castaño, se dedicó a demostrar el alcance de la penetración paramilitar en las instituciones nacionales. Pero sus superiores de toga, unos supramagistrados de la Corte que dominaban, con su influencia clientelista, el curso de los procesos, aprovecharon esa circunstancia para llenarse los bolsillos. En lugar de apoyar a sus investigadores, se aliaron entre sí con el objeto de extorsionar a los imputados cobrándoles sumas millonarias a cambio de demorar los trámites o de obstruir sus sentencias. Cuando, años después, supimos que la sal........
