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El problema no está en la inmigración, está en la avalancha de ayudas sin control

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España se aproxima a una fecha crítica: 2029, el año en el que comenzará a descender la población en edad de trabajar, la comprendida entre 16 y 66 años, según el INE y la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF). Este último organismo estima que se necesitará un millón de inmigrantes anuales entre 2029 y 2050 para mantener nuestro Estado de bienestar. Otro informe patrocinado por la patronal catalana Foment del Treball señala que la España de los 50 millones de habitantes se alcanzará en los próximos años y necesitará 1,4 millones de inmigrantes de aquí a 2035.

Da igual el organismo que se elija o la patronal que se consulte, todos coinciden en que los inmigrantes son imprescindibles para poder mantener el Estado de bienestar, mediante el pago de servicios públicos esenciales como pensiones, educación o sanidad.

Todas las patronales califican de necesaria "la regularización de medio millón de inmigrantes" anunciada por el Gobierno. Algunos expertos, sin embargo, advierten del efecto llamada en los países de origen, que puede provocar una avalancha. Por eso, es fundamental que los inmigrantes cumplan estrictamente con los requisitos legales para su regularización, como la ausencia de antecedentes penales.

En nuestro país se ha abierto un debate social sobre si estos inmigrantes deben tener los mismos derechos que los españoles. Vox impuso el concepto de prioridad nacional en los pactos alcanzados con los responsables regionales del PP, a los que no les quedó más remedio que aceptarla para poder formar gobiernos.

El partido de Abascal se sube a la tendencia del conocido eslogan de "América Primero" utilizado por Donald Trump para ganar sus últimas elecciones, aunque ha comenzado a cuestionarse desde la estrepitosa derrota de Viktor Orbán en Hungría.

La cuestión no es baladí. Hay países como Dinamarca o el Reino Unido, con gobiernos socialdemócratas, que han endurecido los procesos de regularización, de manera que un inmigrante no adquiere todos sus derechos hasta que pasa un periodo de varios años en el que demuestra su arraigo y su compromiso de trabajo en el país de acogida.

Estas dinámicas, próximas a........

© El Economista