De las pasiones ajenas a los refugios del alma
Qué tal, ¿cómo están, mis queridos lectores y amigos? Pues de nuevo aquí, como cada quince días, con cosas extrañas que relato del ayer y el ahora. ¿Para qué tirar política, para qué tirar irregularidades, si de eso no necesito hablar para que ustedes lo sepan? Hoy, mejor hablemos de lo que verdaderamente nos mueve por dentro.
Resulta que ya se terminó el mundial hace un par de semanas, o poquito más. ¿Qué obtuvimos de un evento así? Pues bonitos recuerdos. Yo, la verdad, no soy muy de deportes; nunca lo fui. Desde niño, mi jefa (así le decía a mi mamá) me puso a estudiar música, y eso fue lo que viví e hice: tocar el piano y el órgano, un instrumento que se está perdiendo —por no decir que ya se perdió— porque los jóvenes ni siquiera conocen lo que realmente es ese maravilloso instrumento.
Y, aun así, el mundial estuvo interesante. Yo, que no soy conocedor del fútbol, me atrapé viendo cómo los atletas van superando sus propios........
