Los últimos guardianes del gis
Hubo un tiempo en que los maestros llegaban al salón con un borrador bajo el brazo y un puñado de libros cargados de apuntes. No estoy hablando de Chihuahua: hablo de todo el país.
Sería muy fácil focalizar el tema al estado grande, pero en una nación agobiada por la violencia y la toma de pueblos enteros por el crimen organizado, hay héroes y heroínas verdaderos: las y los maestros.
Son quienes llegan con el teléfono vibrando, con grupos de WhatsApp saturados, con padres de familia que reclaman a cualquier hora, con alumnos que viven más atentos a TikTok que al pizarrón, y con una inteligencia artificial que pareciera amenazar incluso aquello que durante siglos fue exclusivamente humano: enseñar.
Y, sin embargo, ahí siguen. Cada mañana, cuando todavía la ciudad bosteza entre el tráfico y las prisas, miles de maestras y maestros mexicanos abren la puerta de un aula como quien abre un pequeño taller de esperanza.
No importa si es una escuela en la sierra de Chiapas, una primaria en medio del desierto chihuahuense, un plantel urbano rodeado de violencia en Culiacán o una telesecundaria donde apenas alcanza la........
