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Osakidetza

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21.02.2026

Estamos tan acostumbrados a cruzar las puertas de Osakidetza sin sacar la cartera que hemos terminado por creer que es gratis. Pero no lo es. ... La sanidad pública es una de las arquitecturas civiles más sofisticadas que hemos levantado juntos. Una red invisible que se activa justo cuando el cuerpo falla.

Imagina por un instante que, al entrar en urgencias, alguien te acerca un datáfono. Que esperan la confirmación de tu transferencia antes de llevarte a quirófano. Esa escena nos parecería ajena, casi obscena. Y sin embargo, cada vez más voces, por ignorancia, egoísmo fiscal o interés económico, cuestionan el modelo público de salud.

El sistema no está diseñado para cuadrar cuentas individuales. Está concebido como un pacto intergeneracional de riesgo compartido. Hoy contribuyes tú. Mañana te operan a ti. O a tus padres. O a tu hija. La sanidad pública es una promesa colectiva sostenida sobre un principio de solidaridad.

Esta semana he pasado cuatro días ingresado en el Hospital Donostia de Osakidetza. 5 hematólogas, 7 enfermeras, 4 auxiliares, 2 técnicos de ambulancia y 4 celadores sostuvieron mi fragilidad con una calidad y una calidez imposibles de tarifar. Aún así, pedí a la IA calcular cuánto habría costado mi ingreso –pruebas, consultas, transporte, estancia– y la cifra ronda los 9.000 euros. No pagué al salir. Pero alguien lo hizo antes y alguien lo hará después. Y en esa cadena invisible de cuidado mutuo se cifra, en realidad, el valor de vivir en sociedad.

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