Deporte & Geopolítica
Acaba de comenzar el “mayor evento que la humanidad haya visto”: el Mundial de Fútbol 2026, según lo ha descrito la inefable FIFA, que intenta promocionarlo como un símbolo de conexión y armonía global.
Es cierto que los grandes torneos deportivos, desde su creación remota en la Antigua Grecia, cumplen un papel unificador en una sociedad diversa, fomentando valores como la paz y el respeto entre las naciones competidoras. Pero también desde antaño constituyen una plataforma de soft power: un potente vehículo de comunicación para proyectar una narrativa nacional. Además, el deporte es también una industria inmensamente lucrativa y —aún en nuestra era— poco regulada. Y esta dimensión hace tentador el soslayo a las violaciones de estándares que estos mismos eventos e instituciones dicen abrazar.
En el actual panorama geopolítico, intensamente sacudido a partir de la segunda Presidencia Trump, el hecho que Estados Unidos sea uno de los tres anfitriones de este Mundial (junto a Canadá y México), y además sede de los Juegos Olímpicos 2028 (Los Ángeles), tiene naturalmente variadas repercusiones.
En particular, dadas las incursiones militares de Trump a distintos países y amenazas a otros, ha habido algunos intentos formales de boicot a nivel europeo, con el argumento de que se necesita coherencia (Rusia fue sancionada por la FIFA y el Comité Olímpico luego de la invasión a Ucrania a gran escala).Además, en esos intentos se ha mencionado como argumentos en pro del boicot la........
