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Aniversario

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17.03.2026

17 de marzo 2026 - 03:06

Voy a hablarles de mí, sin que sirva de precedente, como algo más que como el recurso de comenzar por una vivencia para trascenderla y hablar de lo general. La gracia de contar algo propio no está en resultar distinta o exclusiva, sino en hallar lo que tenemos en común y nos reúne: son más cosas de las que nos quieren hacer creer. Al soplar el sábado las velas de mi cumple, caí en la cuenta de que usted y yo llevamos juntos la redondez de 10 años. Desde 2016 llevo escribiendo desde esta esquina de su diario. En este tiempo solo les he faltado un día: el que faltó para siempre mi abuela Carmen.

Contra quienes recomiendan separar lo personal de lo laboral, este oficio de escribirles redunda en dejarme ser en cada cosa que digo. Guste o no. Una de las cosas divertidas que me suceden (mis camaradas tendrán anecdotario similar) es que de súbito alguien me espete: “¡Sepa que no estoy de acuerdo usted!”. “¡Ni yo tampoco conmigo misma!”, deliro (por abreviar). A quienes escribimos columnas no nos pagan por tener razón, sino para, haciendo uso de ella, dar que pensar. A menudo me leen disentir fuerte de lo que opinan mis colegas. Corren malos vientos cuando esto deja de ser así.

A lo largo de esta década les he escrito desde el tren Jaén-Cádiz, en un hotel en Bogotá o Innsbruck o Amán, bajo altos techos que me cobijaron, mientras tomaba –el pecho del amor tan lastimado– alguna decisión difícil, en momentos de estupor mundial y duelo nacional, en mañanas luminosas. Escribiéndoles, me he llorado encima y me he reído por lo bajo. Me han sufrido estudiantes en selectividad, uno de estos artículos obtuvo un premio, me habéis escrito cartas. Gracias a esta columna tengo amigos –y enemigos– que antes no tenía. (No me olvidaré de cuando, estando tumbada en la mesa de operaciones, el doctor, bisturí en mano, me guiñó al decir una frase de mi artículo del día. Pedí doble ración de anestesia). Nunca me he callado y nunca he sufrido censura, cortapisa, ni advertencia del jefe de sección. Sí, alguna vez, la torpe pataleta de algún mencionado y, enseguida, el respaldo de este medio a mi derecho a opinar. Frente a ese apretón de nostalgia que propone volver a 2016, no quiero desandar lo andado sino venerarlo: una paciencia salvaje me ha traído hasta aquí. Este “aquí” propio, libre y compartido. Lo celebro junto a ustedes.

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