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Hacienda, tú eres puro, puro chantaje

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20.05.2026

Lo digo rápido para evitar suspicacias: los impuestos son necesarios y el que más tiene más debe aportar. Hasta el liberal más acérrimo –no hablo de los anarcocapitalistas– estará de acuerdo con esta afirmación. La discusión estaría más bien en la forma, la cantidad o las garantías.

Como animales sociales que somos, históricamente hemos debido contribuir al mantenimiento de unos servicios comunes mínimos, primero del templo, luego de la Corona, después del Estado y ahora de esa criatura omnívora e insaciable llamada sector público. Del diezmo pasamos a la gran reforma de la Transición, con una Constitución que consagra el deber de contribuir al sostenimiento de los gastos públicos según la capacidad económica, mediante un sistema tributario justo inspirado en igualdad y progresividad. Hasta aquí, todo precioso.

Sin embargo, en los últimos años cunde la sensación de estar involucionando de ciudadanos fiscales a súbditos tributarios: hemos conservado el vocabulario democrático de los primeros con la agresiva experiencia administrativa de los segundos. Hacienda nos invoca como ciudadanos cuando necesita legitimarse –somos todos– y nos trata como súbditos cuando necesita recaudar –paga o te notifico–. Pero, claro, Hacienda no nació como una ONG de redistribución ni como una ventanilla de justicia social. Nació, históricamente, como una tecnología del poder –intento quitarme de Foucault, pero son muchos años–, y cuanto más complejo es el Estado, más tentacular se vuelve su aparato fiscal.

En los últimos años cunde la sensación de estar involucionando de ciudadanos fiscales a súbditos tributarios

Para mí, la frontera se ha cruzado de dos maneras. En primer lugar, al normalizar prácticas intimidatorias que recuerdan demasiado a la mafia. Ya no basta con pagar; hay que probar que se ha pagado bien, en plazo, con el modelo correcto, con el epígrafe adecuado, con la casilla exacta y la interpretación que la Administración aceptará hoy, aunque tal vez discuta mañana. Hacienda tiene los datos, pero te obliga a examinarte y te sanciona si no aciertas la respuesta. Hay tanto miedo que la conformidad se ha convertido en una vía de escape para muchos que, aún estando convencidos de su inocencia, creen que no la podrán demostrar sin dejarse media vida en el intento. Te acuso de todo esto, pero si firmas te libras de la cárcel y te hago un descuento –¿cómo se puede "perdonar" parte de un impuesto?– La Inquisición era bastante más garantista que nuestra Hacienda.

Y en segundo, al usar técnicas de hipervigilancia que podrían sonrojar al mismísimo Orwell. A Shakira no solo le han investigado sus empresas, sus gastos y sus movimientos, sino que han reconstruido su vida íntima escudriñando sus redes sociales, su relación de pareja o sus vacaciones. No se trata de averiguar dónde vives y cuánto ganas,........

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