Vox quiere que uses la palabra de moda en Europa: "Remigración"
Uno puede estar de acuerdo con la regularización de 500.000 inmigrantes irregulares porque es buena para la economía y porque los Estados liberales deben dar seguridad a todo aquel que tenga un proyecto de vida que encaje en la ley. Y, al mismo tiempo, pensar que esa regularización es un síntoma del fracaso de la política migratoria española. Esta hace que una gran proporción de inmigrantes sean irregulares en algún momento y luego requiere medidas como esta, burocráticamente desmesuradas, que generan una comprensible inquietud.
La paradoja de Vox es otra: se opone a la regularización y, al mismo tiempo, sabe que es la mejor herramienta de la que dispone para seguir creciendo electoralmente. Y ha decidido abordar esa inquietud adoptando una palabra que nació en Francia hace más de una década, pero que se ha vuelto omnipresente en el último año, sobre todo, en Alemania: "Remigración".
Según el periodista Tom Nuttall, su éxito se debe en gran parte a Martin Sellner, un activista austriaco que introdujo su uso entre los políticos de Alternativa por Alemania. La líder del partido, Alice Weidel, acabó pronunciándola en un acto del partido en 2024 y la incluyó en el programa electoral de la formación para las elecciones generales de 2025, en las que obtuvo su mejor resultado, con el 20% de los votos, el doble que en las elecciones anteriores. Pero, ¿qué significa "remigración"?
Sellner le explicó a Nuttall que la "remigración" implica la expulsión de tres colectivos. Los inmigrantes ilegales, los inmigrantes legales que drenan los recursos del estado o delinquen, y los ciudadanos "no asimilados". Es revelador que, en su respuesta parlamentaria a la regularización de los 500.000 inmigrantes irregulares, Vox haya planteado medidas que parecen salidas de la descripción de Sellner. Su propuesta consiste en la "deportación de cualquier inmigrante legal o ilegal que cometa delitos graves, haga del delito leve su forma de vida, decida no integrarse a la cultura nacional o intente imponer la suya. Remigración de los extranjeros que, por no contribuir con su trabajo y esfuerzo a la economía nacional y vivir de las ayudas sociales, supongan un lastre para el estado de bienestar de los españoles".
Algunos de esos criterios son relativamente claros, y de hecho ya existen en el ordenamiento jurídico español, como es el caso de la deportación penal. Pero, ¿qué significa que un inmigrante "decida no integrarse a la cultura nacional"? ¿Que apoye a la selección de fútbol de su país de origen y no a la nuestra? ¿Que no se cubra la cabeza con una gorra sino con un hiyab? ¿Que tenga como lengua habitual una que no es oficial en España? ¿Qué cocine cosas que huelen de manera extraña a nuestras narices?
Obviamente, Vox no pretende que el rótulo de la integración tenga una traducción legal, sino transmitir a los votantes que existe la posibilidad de expulsar del país a todo aquel que, aún no siendo ilegal, y no habiendo convertido la delincuencia en su forma de vida, y de limitarse a coger lo que el Estado ha decidido darle, viva de una manera que no nos guste. Introduce en las políticas migratorias el elemento que genera más miedo entre los inmigrantes: la arbitrariedad. Eso es lo que ha hecho Donald Trump con sus políticas de remigración —su Gobierno también utiliza la palabra—: transmitir que ningún inmigrante puede estar seguro, porque su detención o su expulsión pueden no responder a regulaciones claras, sino simplemente a estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Como reconoce el propio Sellner, la remigración debido a la supuesta falta de integración del inmigrante es un "problema". "No puedes deportar a ciudadanos —dice— , es una locura". Pero "puedes crear presión cultural y económica" para que se vayan. También puedes, como él mismo propone, retirar la ciudadanía por motivos poco claros: así la deportación ya no es de un ciudadano.
Hoy en Europa están en cuestión algunos de los principios del liberalismo, según los cuales toda identidad cultural es legítima si no implica llevar a cabo actos ilegales, la nacionalidad es una condición cuasi sagrada y el Estado se muestra relativamente indiferente a tus orígenes si cumples las reglas que el propio Estado crea. Vox no ha llegado a los extremos de Alternativa por Alemania, pero está experimentando lo mismo que esta: la adopción de retórica más radical no le penaliza electoralmente, sino que coincide con su crecimiento.
La remigración contiene ideas populares, como la expulsión de ilegales y delincuentes; de hecho, en España en 2025 se produjo un aumento del 12% de esto último, con 3.400 deportados. Los Estados tienen la obligación de elaborar políticas migratorias más eficaces que la nuestra y el derecho a endurecerlas si así lo pide buena parte de la población, como está sucediendo ahora. Pero el uso intensivo de la palabra "remigración" solo pretende transmitir que es posible algo que en realidad es, además de nocivo, imposible: el regreso de las sociedades culturalmente homogéneas.
