El siniestro laboral de Sánchez y la victoria incómoda de Feijóo
La victoria de Juanma Moreno ha sido clara, aunque no absoluta. El PP ha ganado con 53 escaños, dos por debajo de la mayoría absoluta, en una de esas noches en las que el porcentaje acompaña, pero los restos se comportan con frialdad administrativa. La mayor fragmentación de la izquierda ha impedido al PP concentrar los votos que necesitaba.
El resultado confirma el vuelco ideológico en la región más decisiva de España —paliza de la derecha a la izquierda y del PP al PSOE—, pero introduce una advertencia que Génova haría mal en despreciar. A saber: los extremos, Vox incluido, gozan de buena salud.
Dos diputados, en política, puede parecer poca cosa en la noche electoral, pero enorme al día siguiente, cuando empiezan las investiduras, las abstenciones, los mensajes cruzados y los socios incómodos. Moreno no ha perdido; ha ganado. Pero no ha rematado. Y en el fútbol, como en la política, perdonar ocasiones puede obligar a defender el resultado con el portero subido al larguero y Vox esperando en la banda.
Juanma Moreno afronta ahora la parte menos amable de la victoria: gobernar sin mayoría absoluta después de haber convertido la moderación en mantra. Durante años ha abjurado de Vox y ha construido su personaje político sobre la centralidad, el andalucismo templado y la gestión sin estridencias. El problema es que las urnas tienen la mala costumbre de arruinar los relatos perfectos. Y este domingo le han dicho que sí, que ha ganado; pero también que no puede fingir que Vox no existe. Ahí empieza su verdadero dilema.
Los de Abascal, además, no llegan debilitados. Suman un diputado más y conservan capacidad de presión. No podrán imponerlo todo, pero sí podrán recordarle a Moreno, cada vez que convenga, que la mayoría absoluta se quedó a dos escaños y que esos dos escaños valen ahora más que muchos discursos sobre la centralidad.
Ese es también el aviso para Feijóo: el PP puede vencer, incluso ampliamente, y aun así quedar atrapado en la sala de máquinas de su contradicción estratégica. No basta con que Sánchez se descomponga. No basta con esperar a que el Gobierno........
