El despertar que llega tarde: Europa, sus recursos y la urgencia de una ingeniería con voz
Hay guerras que no se libran en los campos de batalla, sino en los despachos, en las lonjas de materias primas y en los algoritmos de las redes sociales. Llevamos décadas asistiendo, con asombrosa pasividad, a una partida geopolítica de enorme calado cuyas fichas son los recursos naturales y cuyas consecuencias, si no actuamos, serán devastadoras para Europa.
Estados Unidos, Rusia y, de manera especialmente sistemática, China han construido durante los últimos treinta años una arquitectura de dominio sobre los recursos naturales del planeta y sobre las tecnologías necesarias para su transformación. No es una estrategia improvisada; es una política de Estado sostenida, financiada y ejecutada con una determinación que contrasta dolorosamente con la parálisis regulatoria europea. La presencia china en África subsahariana, en América Latina o en Asia Central no responde a la filantropía del desarrollo; responde a la lógica más antigua de la geopolítica: quien controla las materias primas, controla el futuro.
Los conflictos que presenciamos no siempre llevan el nombre de guerra. Ucrania es la disputa por el granero de Europa, y por los corredores energéticos de Eurasia, además de tener enormes reservas de tierras raras. Venezuela y el tablero iraní son piezas de una partida sobre los mayores yacimientos de crudo y gas del hemisferio. Las miradas sobre Groenlandia no responden al interés........
