No pasa nada, pero vais a morir todos
No pasa nada, pero quizás vayamos a morir todos. Perdone el lector la astracanada, pero ese es el cuerpo que se le queda a uno a poco que se sumerja política e informativamente en el brote de hantavirus y las aventuras y desventuras del buque MV Hondius.
La asintonía entre dichos y hechos es inevitable. Obedece a múltiples motivos. El principal, que la interacción entre actores que confluyen en este tipo de crisis acaba siendo difícilmente compatible entre sí.
Por un lado, el conocimiento científico acumulado, siempre limitado y susceptible de ampliarse, que se tiene sobre cualquier asunto. Por el otro, la necesidad de gestionar políticamente la situación por parte de los gobiernos con decisiones y discursos sin sufrir daño reputacional por ello y, a ser posible, exprimiendo beneficios.
Y de añadido, la lógica del tratamiento de la información de la industria periodística que ha venido acentuándose en los últimos años, incompatible con la mesura, el rigor y la prudencia, sobre todo en la esfera audiovisual. Así las cosas, combinado este trío de elementos, el resultado no puede ser otro que el de un baile de San Vito generalizado.
El político ha aprendido que no paga factura en el exceso de teatralización en la prevención, pero que sí puede quedar expuesto y señalado como culpable si se queda corto. Hay ahí un incentivo para huir de la proporcionalidad. ¡Que no pueda decirse, por si acaso, que no hicimos........
