menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La asesina del cartero, esa etarra compasiva

7 0
29.03.2026

Tan compasiva era, que le pegaron tres tiros al cartero desarmado que gritaba de pánico en la calle cuando los vio llegar. La conocían por el apodo, Anboto, pero su nombre de asesina es Soledad Iparraguirre. No crea el lector que hablamos de hechos pretéritos, de expedientes amarillentos por el paso del tiempo, que esto no es Memoria Histórica, esta es Memoria Contemporánea, que se diferencia de la anterior en que, en este caso, se busca la reparación de los asesinos, no el repudio de las alimañas. Para la Memoria Histórica, se ha creado una comisión de diez juristas, presididos por Baltasar Garzón, para que esclarezca "las violaciones de los derechos humanos durante la Guerra y la dictadura", como dicta la Ley que cínicamente se llama ‘Memoria Democrática’. Por el contrario, para la Memoria Contemporánea, que no está recogida en ninguna ley, lo que existe es una deferencia hacia los asesinos para que vuelvan cuanto antes a la sociedad.

Lleva por título el inquietante nombre de "justicia restaurativa" y permite la salida de prisión de etarras encarcelados muchas décadas antes de cumplir su condena. Aquí no se persigue esclarecer los 370 asesinatos de la banda terrorista ETA que siguen sin resolverse, ni tampoco se les exige a los etarras que colaboren con la Justicia. Tampoco se fomenta el conocimiento de la barbarie terrorista, de cómo atemorizaron a toda la sociedad española durante décadas. En algún documental de Iñaki Arteta aparecen jóvenes universitarios a los que se les ha inculcado que ETA fue una banda de resistencia del pueblo vasco contra la dictadura franquista. Por eso, abandonan la cárcel los asesinos y nadie se escandaliza cuando los arropan, cuando los reciben con alegría, para que vuelvan a pasear por las aceras que llenaron de sangre.

Para estos muertos y esas violaciones de derechos humanos no existe una memoria de reparación ni un Baltasar Garzón que se preocupe por esclarecerlos. La memoria de hace ochenta años tiene más relevancia que la verdadera memoria de la democracia española que llenaron de lágrimas, de miedo, de dolor. Es una memoria tan reciente que la condena del cartero de Amurrio tiene tan solo cinco años, en abril de 2021, cuando se celebró el juicio en el que condenaron a Soledad Iparraguirre a 39 de cárcel, apenas una gota en su historial penal de 793 años de prisión por todos los asesinatos en los que participó. Aunque existe un límite penal de 30 años de cárcel para el cumplimiento de las condenas, esa salvaje apenas ha cumplido un tercio, 22 años; es decir, una media de poco más de un año de prisión por cada uno de sus asesinatos, los 18 crímenes por los que fue juzgada mientras miraba desafiante a jueces y fiscales.

El atentado de Amurrio es el último asesinato por el que fue juzgada y, como tantos otros asesinatos, la relectura de lo ocurrido sigue siendo sobrecogedora. El ‘mapa del terror’ del Colectivo de Víctimas de Terrorismo del País Vasco, COVITE, recuerda que el cartero, Estanislao Galíndez Llano, iba en bicicleta hacia Correos cuando un coche dio un giro brusco y lo interceptó a pocos metros de su casa, de la que acababa de salir. Eran las nueve menos cuarto de la mañana. Estanislao pidió ayuda a gritos cuando vio que tres individuos, dos hombres y una mujer, se bajaron del coche, pero no le sirvió de nada. Los terroristas le dispararon en la cabeza, dos tiros, y un más en el corazón. Su cuerpo quedó tendido en la acera. Un grupo de niños que se dirigía a una escuela cercana fueron los únicos testigos, entre ellos su propia sobrina que presenció cómo su tío gritaba y pedía auxilio antes de que lo mataran. El horror es todavía mayor más si añadimos que ETA había asesinado también al hermano del cartero. El cartero era una buena persona, muy trabajador, como dijeron en su entierro, pero ETA decidió ejecutarlo por españolista y amigo de la Guardia Civil. Como en todos los demás atentados, los concejales batasunos, lo que hoy conocemos por Bildu, se negaron a condenar el asesinato.

"¡Ea, ya salió ETA!", exclaman algunos cuando se recuerda lo anterior. Todos los españoles tenemos descontada la miseria del entorno etarra, y de una buena parte de la sociedad vasca, cada vez que se recuerda un atentado de ETA y miran para otro lado, para eludir toda referencia. Esa miseria, como decimos, está ya descontada, pero lo que resulta directamente insoportable es que ahora, además, la memoria de ETA haya comenzado a incomodar también a muchos de los actuales dirigentes del PSOE, y por supuesto a los replicantes en los medios de comunicación y redes sociales. Esta semana, cuando se publicó la escandalosa noticia del tercer grado a esa salvaje, Anboto, esa fue la expresión que emplearon algunos. "¡Ya salió ETA!", dicen, como si este tipo de noticias fuera un montaje exagerado por parte de un grupo de resentidos. Pues claro que sale ETA, y nunca debe dejar de recordarse en los medios de comunicación lo que nos hicieron pasar, los cientos de vidas que segaron. El interés bastardo de este PSOE de beneficiar a los presos de ETA a cambio del apoyo de Bildu en el Congreso para que Pedro Sánchez siga siendo presidente del Gobierno es una inmoralidad inaceptable.

Como otras veces se ha dicho aquí, en una democracia se puede, y se debe, dialogar y pactar con todas las fuerzas políticas, pero con el límite inexpugnable de la ley, la dignidad y la memoria. Cuando Otegi explicó, hace cinco años, en qué consistía su acuerdo con el PSOE para sostener al Gobierno de Pedro Sánchez, se traspasaron drásticamente todos esos límites: "Tenemos a 200 presos en la cárcel y si para sacarlos hay que votar los presupuestos, pues los votamos". Ahora dice la consejera de Justicia y Derechos Humanos del Gobierno Vasco, la socialista María Jesús San José, que "la Justicia Restaurativa no es un concepto abstracto ni una teoría académica alejada de la realidad: es un modelo de justicia que coloca a las personas en el centro del proceso, reconoce el sufrimiento de las víctimas y ofrece a quienes han causado daño la oportunidad de asumir su responsabilidad y participar en su reparación". Lo que le falta por decirnos es cuándo ha pedido perdón uno sólo de los asesinos de ETA, como esa Anboto, al salir de la cárcel, en un régimen de semi libertad, mucho antes de que se cumpla el tope legal de sus condenas. No, no lo han hecho, ni lo harán. Pero nunca olvidaremos lo que fueron, lo que son, y que la asesina del cartero no es una etarra compasiva.


© El Confidencial