Invertir en IA: acertar a un blanco móvil
Hace tan solo unos días, el gigante bursátil Google (Alphabet) dejó al mercado en shock al publicar una cifra sin precedentes en su historia reciente: una tensión inédita en su flujo de caja provocada por una factura trimestral astronómica en infraestructuras y centros de datos para no quedarse atrás en la carrera de la inteligencia artificial.
Que una de las empresas más rentables del planeta tenga que drenar su caja para defender su posición en la IA es el síntoma definitivo de un fenómeno más profundo. En medio del ruido y los titulares sensacionalistas, el mercado empieza a intuir una verdad incómoda: la IA no es una foto fija, sino un blanco móvil.
En la historia de las grandes revoluciones industriales existe una constante casi matemática: los nombres que acaparan las portadas y los presupuestos durante la fase de construcción inicial rara vez son los que terminan dominando el paisaje socioeconómico cuando la polvareda se asienta.
Ocurrió en el siglo XIX con el despliegue del ferrocarril, donde decenas de promotores de vías acabaron en la quiebra mientras los comerciantes que usaron la red multiplicaron su patrimonio. Se repitió a finales de los noventa con la fiebre de la fibra óptica, cuya sobrecapacidad arruinó a las........
