Don Abundio, beato en Roma, hombre en la Tierra
Don Abundio, beato en Roma, hombre en la Tierra
Un joven Don Abundio en una fotografía de principios del siglo XX.
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El hombre, el sacerdote
Don Abundio García Román (24/12/1906, Jaraicejo – Comarca de Monfragüe.), cacereño de nacimiento, era el menor de tres hermanos. Sus padres Gregorio y Clodoalda se trasladaron a Madrid al poco de su nacimiento, viéndose afectado por una poliomielitis que le llevó a tener una leve cojera para el resto de su vida.
En la capital de España, estudió en el Instituto Cardenal Cisneros y en el Colegio Nuestra Señora de las Maravillas de los Hermanos de la Doctrina Cristiana. Ingresó en el seminario conciliar de Madrid (1918), y tras realizar unos estudios brillantes fue ordenado sacerdote (14 de junio de 1930). Sin duda el tipo de enseñanza que allí recibió fue el comienzo para forjar lo que la vida y el destino le tenía deparado. D. Abundio ingresó en el seminario conciliar de Madrid en 1918, y ordenado sacerdote el 14 de junio de 1930, siendo su primer destino pastoral el de ser capellán del presidente de Acción Católica, el Conde de Rodríguez San Pedro. Éste promovió un Patronato de enseñanza del que se hizo cargo D. Abundio, asumiendo, a su vez, el nombramiento de director (1931) de un colegio que formaba parte de dicho patronazgo, en el entonces arrabal barrio de Entrevías. Allí contactó con el mundo laboral (trabajadores y sus familias) experimentando el rechazo del mensaje de Jesucristo que él transmitía. Entendió que su labor debía de ir en la dirección de poner remedio a las necesidades de esas familias que sufrían injusticia y desigualdad.
Cursó, a su vez, la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. En agosto de 1936, al principio de la Guerra Civil, fue detenido y encarcelado en la cárcel Modelo de Madrid (posteriormente derribada y construido el edificio que da cabida al Cuartel General del Ejército Aire). Tras ser juzgado fue absuelto (4/1937) y se refugió en la embajada de Noruega. Con la finalización de la guerra regresó a sus tareas pastorales.
En Acción Católica se centró en las ramas obreras, y fue nombrado asesor religioso para la delegación provincial de Sindicatos de Madrid. Allí organizó cursillos para trabajadores, consiguiendo unir lo aprendido en Acción Católica y realizar el apostolado para los trabajadores en su mismo lugar.
En septiembre de 1946 se reúne con el teniente de alcalde de Madrid – sindicalista y fundador de la Hermandad de Ferroviarios (fue jefe de División en R.E.N.F.E. hasta su fallecimiento)- y con el entonces obispo Casimiro Morcillo, con la intención de crear una estructura de profesiones para canalizar la militancia. El 16 de julio de 1947 el obispo Eijo y Garay firmó el decreto de constitución de las Hermandades Católicas de Trabajadores. En lo social la misión fundamental de “las Hermandades” es la defensa de los obreros y sus derechos fundamentales. Años más tarde........
