España y su peso en la guerra de Irán
La escalada de tensión en Oriente Próximo ha dejado de ser una amenaza latente para convertirse en una realidad de impactos directos. Los recientes ataques con drones tipo Shahed contra la base británica de Akrotiri en Chipre y la interceptación de misiles balísticos lanzados desde Irán sobre Turquía marcan un punto de inflexión en la seguridad del Mediterráneo. En este escenario convulso, la presencia de España no solo es testimonial; es una pieza de engranaje crítica en la arquitectura de defensa de la OTAN y la Unión Europea. El gobierno español está realizando contorsiones semánticas a la hora de calificar nuestra presencia dentro del conflicto, pero lo que no puede negar es nuestra presencia y participación en el mismo. Podemos hablar de tres escenarios distintos, empezamos por el más novedoso y uno de los pilares de nuestra presencia; no es otra que la integración de la fragata Cristóbal Colón (F-105) en el Grupo de Combate Aeronaval liderado por el portaaviones francés Charles de Gaulle. Por mucho que alguno se empeñe, no estamos ante una simple misión de acompañamiento, sino que formamos parte del Grupo de Batalla del principal portaaviones francés, el cual está formado por el Grupo Aéreo Embarcado con más de 40 aeronaves, Escolta de Fragatas, buques de apoyo logístico y submarino de ataque.
A este grupo se han unido aparte de la fragata española, el buque italiano de defensa antiaérea de la clase Horizon, el buque holandés de defensa aérea y mando, desde Grecia han enviado dos fragatas. Este elenco de navíos ahora mismo representa la cúspide de la tecnología naval europea. Nuestra mejor fragata es capaz de rastrear más de 90 blancos simultáneamente a más de 500 kilómetros de distancia, actuando como el “guardaespaldas electrónico” de la flota. En un contexto donde los drones y los misiles antibuque son la moneda de cambio de las milicias regionales, contar con una unidad que combina 48 celdas de lanzamiento vertical con una capacidad de mando digitalizada es lo que permite al grupo de combate operar con relativa seguridad. Mientras en el mar ahora mismo proyectamos tecnología, en tierra mantenemos constancia en ese campo ya que desde 2015, de forma ininterrumpida, España despliega en Turquía una batería de misiles Patriot en la Base Incirlik y este sería el segundo escenario. Hace escasos días esta batería ha demostrado su valor con la detección de un misil balístico iraní en trayectoria hacia el espacio aéreo turco, que posteriormente fue derivado por una batería homologa de los EEUU. Este contingente de 150 militares del Regimiento de Artillería Antiaérea nº 73 no solo protege a la población civil, sino que actúa como un sensor avanzado que facilita datos críticos para la neutralización de amenazas por parte de toda la Alianza.
Es un compromiso que el Gobierno español ha blindado, priorizando la estabilidad de la frontera sur de la OTAN pese a las demandas de recursos en otros frentes como Ucrania. El tercer y último escenario es el Líbano, donde la situación actual añade una capa de complejidad humana y política. Hace unos días se han registrado ataques directos con drones lanzados desde el Líbano hacia la isla de Chipre, marcando una escalada significativa en el conflicto regional, uno de ellos sobre la Base de la Royal Air Force en Akrotiri y también aviones de combate británicos han interceptado al menos otros dos drones que se dirigían hacia la isla. España cuenta en este país con un continente de cerca de 700 efectivos que se integran bajo el mandato de la ONU en la Misión UNIFIL y se encuentran en una de las zonas más inestables ahora mismo tras esta escalada bélica. Antes de fin de año la Jefatura de Tropas de Montaña con sede en Pamplona, liderará el despliegue de las Unidades de Tropas de Montaña que se harán cargo de liderar el contingente internacional en la zona.
La presencia española en estos tres escenarios distintos en un conflicto indirecto con Irán y sus aliados, no busca un enfrentamiento directo, sino la disuasión a través de la excelencia técnica y la persistencia operativa. Ya sea mediante el escudo digital de la Fragata Cristóbal Colón en el Mediterráneo, la vigilancia antiaérea en Turquía o el despliegue operativo en el Líbano, España tiene que demostrar que es un aliado fiable y responder a sus compromisos con el esfuerzo que la misión demande. Otra cosa será la lectura política de este despliegue de efectivos y tropas que nuestro país realice, pero no cabe duda, que en el escenario actual es necesario entender que debemos que tener un ejército fuerte y con una capacidad de proyección rápida, eso no se consigue sin un compromiso fuerte con la cultura de la defensa por parte de la sociedad, la cual, es suficientemente madura para entender que en esta materia de hechos probados; los dobles discursos duran muy poco.
Gustavo Galarreta es analista en seguridad y defensa
