"La primera vez que subí a un atril para hablar en público fue un fracaso. Encendí el botón, acomodé el micrófono, miré a la gente... y me quedé en blanco"
La primera vez que subí a un atril para hablar en público fue un fracaso. Encendí el botón, acomodé el micrófono, miré a la gente... y me quedé en blanco. No supe qué decir. Así que regresé avergonzando a mi sitio. Fue en el viejo Parlamento de Navarra, en una visita escolar en la que yo no tendría más de una docena de años y allí aprendí que no está de más eso de pensarse las cosas dos veces antes de saltar voluntario al ruedo. Ya luego, con los años, y por razones profesionales, he confirmado que lo de dirigirse a la gente a viva voz tiene su miga. Su........
