La confianza y el saber
Tomás Lejarraga Camino
La confianza y el saber
Algunos turistas paseando por el centro de Palma. / Manu Mielniezuk
En El descenso del hombre, Charles Darwin intuyó que «la ignorancia genera confianza con más frecuencia que el conocimiento». Es decir, quienes menos saben tienden a mostrarse más seguros que quienes saben más. Esto no sería un problema si la confianza fuese irrelevante en nuestras decisiones. Pero en decisiones grupales o colectivas, quienes muestran mayor confianza suelen tener más influencia en la decisión que quienes dudan, incluso cuando estos últimos saben más acerca del problema en cuestión.
Y como muchas de las decisiones que afectan a nuestra vida—en el trabajo, en la política, o incluso en la familia—se toman en grupo, podemos estar expuestos a una influencia desproporcionada por parte de quienes muestran mucha confianza pero no saben tanto como creen.
¿Qué hay de cierto en lo que intuyó Darwin? Mis colegas y yo dimos con resultados experimentales que apuntan a que Darwin tenía algo de razón. Con mis colegas investigábamos cómo decide la gente cuando aprende sobre un problema a través de descripciones frente a cuando lo hace a través de su propia experiencia. Hicimos un experimento sencillo. Presentamos una serie de decisiones como esta: «Puede llevarse 3€ ahora o jugar una lotería que da 4€ con un 80% de probabilidad y 0€ con un 20%». Es decir, los participantes decidían si preferían un premio seguro, 3€, o si prefería optar a un premio más alto, 4€, corriendo el riesgo de irse sin nada, 0€.
Quienes escogían los 3€ terminaban allí su participación. Quienes escogían la lotería, la jugaban y recibían el resultado. Separamos a la gente aleatoriamente entre dos grupos. A un grupo le describimos explícitamente las probabilidades y los pagos. Al otro grupo le mostramos dos botones en una pantalla que podían «explorar» cliqueando tantas veces como quisieran: cada clic revelaba un pago (3€ en la opción segura y 4€ o 0€ en la lotería), y ellos decidían cuándo parar de explorar antes de decidir qué opción preferían para jugar por dinero. A todos los participantes preguntamos por su confianza en su decisión después de haber decidido, pero antes de ver el resultado.
Lo que vimos fue que las personas que habían recibido una descripción explícita expresaron más confianza que quienes habían aprendido de la experiencia, quizás porque la información descriptiva ofrece una representación completa del problema, algo que la experiencia—siempre marcada por la incertidumbre—no puede proporcionar. Pero lo realmente interesante fue otra cosa: entre quienes aprendían desde su experiencia explorando los botones, los que menos habían explorado; es decir, los que tenían menos información sobre el problema eran los más confiados. Tal y como había intuido Darwin.
Pero nos quedaba una duda. ¿Era la poca información lo que generaba confianza? ¿O eran las personas más confiadas quienes decidían no informarse demasiado porque creían no necesitarlo?
Para aclarar esta relación, hicimos otro experimento. Esta vez, todos los participantes debían aprender mediante la experiencia, pero dividimos el grupo en dos: uno estaba obligado a ver solo cinco pagos de cada opción; el otro grupo, cuarenta pagos. De nuevo, todos debían reportar cuánta confianza sentían después de decidir pero sin haber visto el resultado de su decisión. El patrón se repitió: quienes habían visto menos información se sentían más seguros que quienes habían visto más. Es decir, en este caso sí podíamos afirmar que menos experiencia causaba más confianza.
Las implicaciones de estos resultados son algo inquietantes. La confianza da poder de influencia. Quien la exhibe suele tener más peso en debates, discusiones y decisiones grupales. Los grupos, además, suelen elegir líderes a personas que hablan sin titubeos, no a quienes expresan matices o dudas. Pero la duda puede ser señal de conocimiento: ser consciente de la complejidad del mundo fomenta la humildad, debilita la sensación de seguridad y confianza, pero enriquece la mirada.
Por eso, conviene reflexionar sobre los líderes que muestran excesiva confianza en sus opiniones. La confianza no siempre muestra claridad; a veces, muestra ignorancia. La combinación de desconocimiento y exceso de confianza puede conducir a decisiones arriesgadas y costosas.
Darwin lo sospechó hace un siglo y medio. Hoy, los datos experimentales sugieren que tenía algo de razón.
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