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Cuando la democracia deja de servir en un mundo de imperios

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05.01.2026

Opinión

Julio Bruno

La democracia no ha dejado de ser un ideal; ha dejado de ser suficiente. El mundo se reorganiza en imperios porque solo los imperios pueden sostener una soberanía real en un sistema tecnológico, industrial y militar. Los demás Estados no compiten: dependen. Y en un mundo de dependencia estructural, la democracia se vuelve un lujo frágil.

No se trata de una tesis ideológica ni de un arrebato coyuntural, sino de un diagnóstico estructural. El orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial —basado en instituciones multilaterales, reglas compartidas y contención del uso unilateral de la fuerza— está siendo desplazado por otro más crudo. Un orden en el que el poder ya no se legitima por normas universales, sino por capacidad efectiva: producir, controlar tecnología crítica, asegurar recursos estratégicos y proyectar fuerza.

Venezuela ha sido el detonante reciente —no el origen— de esta mutación. La intervención militar estadounidense y la captura de Nicolás Maduro mostraron hasta qué punto la soberanía se vuelve negociable cuando un Estado carece de poder estructural. La reacción internacional confirmó lo evidente: las instituciones multilaterales pueden condenar, pero no imponer. El precedente quedó establecido.

Ese precedente no es regional ni anecdótico. Forma parte de una lógica más amplia que algunos analistas describen como unaDoctrina Monroe 2.0, una reinterpretación del poder hemisférico que se arroga el derecho a intervenir o reordenar territorios estratégicos cuando conviene. A diferencia de la doctrina original, esta versión no distingue claramente entre adversarios y aliados. Las reiteradas declaraciones sobre Groenlandia —territorio autónomo de Dinamarca y........

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