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‘The Oscar goes to... YouTube’

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24.03.2026

‘The Oscar goes to... YouTube’

El acuerdo con Hollywood confirma que casi ningún medio tradicional es inmune a las fuerzas que reconfiguran el consumo audiovisual

‘The Oscar goes to... YouTube’ / Shutterstock

El domingo 15 de marzo se celebró la edición número 98 de los Oscar, la antepenúltima que se retransmitirá a través de una cadena de televisión. A partir de 2029, los prestigiosos galardones se mudarán a YouTube, una decisión impulsada por el deseo de la Academia de revitalizar una gala en horas bajas. Para una industria como Hollywood, que vive de preservar su relevancia cultural, la televisión ya no parece ser el lugar más apropiado para conectar con la audiencia, especialmente la más joven. El rating de las galas ha ido menguando con el paso de los años, y ni los intentos de ampliar el número de títulos nominados a mejor película ni la entrada de proyectos con una clara vocación comercial ha logrado reanimar el interés del público en los premios y en muchas de las candidatas, especialmente las del circuito más independiente.

Lo que YouTube ofrece a la Academia es muy goloso. El servicio cuenta en la actualidad con más de 2.000 milllones de usuarios activos en todo el mundo, unas cifras que están a años luz de los menos de 20 millones que registró la gala de este año en el canal norteamericano ABC, que anualmente desembolsa 100 millones por los derechos de emisión. En YouTube, además, la gala será la cita de referencia, pero no la única. Los Oscar estarán acompañados de una programación variada centrada en la industria a lo largo de todo el año. Y existe un aliciente adicional: la posibilidad de complementar la cobertura clásica con los streams de los creadores de contenido, que pondrán al servicio de la retransmisión sus amplias bases de seguidores.

El acuerdo entre los Oscar y YouTube es la confirmación de que ya no existe casi ningún medio tradicional inmune a las fuerzas que están reconfigurando el consumo audiovisual a nivel global. Supone reconocer, por doloroso que resulte, que la televisión tradicional ha perdido el lugar que ocupó en otra época y que las nuevas audiencias se han acostumbrado a dedicar pequeñas porciones de tiempo a una infinidad de medios. En este océano de atención hiperfragmentada YouTube es el rey.

La cosa pinta bien para la plataforma, aunque el reto que tiene por delante es considerable. Tener un buen contenido y un canal de difusión con potencial no es suficiente para que, por arte de magia, la gala recupere la atención de su etapa más gloriosa, la de finales de los 90. Aunque el contenido cinematográfico es uno de los más demandados en YouTube, la gala de los Oscar se desarrolla a lo largo de varias horas, algo que podría ser un inconveniente en un contexto de atención efímera. Y existe otra barrera técnica. El servicio tiene alcance, desde luego, pero le falta una infraestructura de producción y el know how en la retransmisión de eventos de este tipo. La clave, por supuesto, estará en encontrar una fórmula que permita preservar el corazón de los galardones adaptándose a las nuevas disciplinas comunicativas, al juego de la interacción y a la reinterpretación del protocolo. También será necesario que todo el famoseo se preste a entrar en este juego de la interacción en tiempo real y de la crónica no profesional sin que se pierda la magia que les rodea.

La Academia y YouTube tienen mucho que ganar si las cosas salen bien. La primera es consciente de que esta nueva etapa podría darle un empujón a la asistencia al cine, premiando a las películas en el canal más eficaz para promocionarlas. Y, por supuesto, convertir la retransmisión en un fenómeno verdaderamente global. YouTube, por su parte, podría desbloquear a un tipo de anunciante exclusivo, algo siempre ventajoso. Y, por el camino, podría aumentar la ya imponente masa de usuarios que ven contenido en su plataforma.

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