menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Bailar después de saber

12 0
07.06.2026

Bailar después de saber

El regreso de Michael Jackson a las pantallas no ha devuelto solo a un artista al centro de la conversación, ha reabierto un problema sin respuesta

Ilustración: Bailar después de saber / .

Suena Billie Jean y ocurre algo incómodo: el cuerpo la reconoce antes de que la conciencia llegue a tiempo. Primero, entra el bajo, seco, perfecto, inmediatamente familiar. Después, aparece la memoria: una boda, una radio encendida en verano, una pista de baile, alguien intentando imitar el paso imposible frente al televisor. Y solo más tarde llegan las preguntas. La biografía. La sospecha. La incomodidad moral.

El regreso de Michael Jackson a las pantallas no ha devuelto únicamente a un artista al centro de la conversación. Ha reabierto un problema para el que seguimos sin tener una respuesta convincente. No tanto el viejo dilema (tantas veces formulado y tantas veces resuelto con excesiva rapidez) de si podemos separar la obra del artista. La cuestión más inquietante es otra: qué hacemos cuando una canción forma parte de nuestra memoria corporal, pero ya no encaja sin fricciones en nuestra conciencia moral.

Durante décadas, Michael Jackson perteneció a esa extraña categoría de artistas que parecían anteriores a cualquier juicio. No porque fueran inocentes, sino porque estaban en todas partes. Sus canciones no eran exactamente una elección. Sonaban en bodas, cumpleaños, anuncios, gimnasios, fiestas de pueblo, recopilatorios para el coche y programas de televisión. No hacía falta ser fan para tener una relación con Michael Jackson. Bastaba con haber crecido dentro de una cultura pop que ya había moldeado parte de nuestros reflejos.

Por eso, su caso resulta tan incómodo. No hablamos de un........

© Diario de Mallorca