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Venezolario: el espejo roto de lo que vamos siendo

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02.08.2025

El fenómeno de Venezolario no es solo un éxito viral: es también un síntoma cultural, un espejo fragmentado que devuelve imágenes distintas de lo que significa hoy “ser venezolano”. La popularidad de esta aplicación ha generado un efecto de opinión pública donde se mezclan la nostalgia, la risa, la frustración y el desconcierto. Todo esto revela mucho más que un simple juego de palabras: revela una herida colectiva. Y la explicaremos.

Aparecido en julio de 2025, Venezolario convirtió en juego el conocimiento de palabras populares venezolanas. Sus creadores la promocionaron desde redes sociales, pero el verdadero estallido ocurrió cuando centenares de usuarios comenzaron a compartir videos probando la app: fallando, acertando y debatiendo. La aplicación alcanzó un millón de descargas y sumaron miles de contenidos en redes. Pero lo que fue diseñado como un entretenimiento inofensivo pronto se convirtió también en un campo de batalla identitaria.

Esa brecha de reconocimiento no es menor. Cuando el juego me dice que algo “es venezolano” y yo no lo reconozco, la pregunta que emerge allí no es lingüística, sino existencial: ¿entonces yo no soy venezolano? ¿Qué soy? Eso en un país con 9 millones de ausencias, con personas que se terminaron de criar en otras tierras o en Venezuela pero sin sus tías completas, confronta con nuestras heridas.

Hay al menos cuatro fracturas que Venezolario ha dejado al desnudo:

Cuando el juego me dice que algo “es venezolano” y yo no lo reconozco, la pregunta que emerge allí no es lingüística, sino existencial: ¿entonces yo no soy venezolano? ¿Qué soy?

Una de las respuestas más interesantes han sido las emocionales: frustración, enojo, reclamos públicos a los creadores. Y esto también merece análisis. ¿Por qué hay incomodidad? Porque fallar en un juego duele. No por perder puntos, sino porque también hiere el sentido de pertenencia. La lengua es identidad, es territorio y familia. Por algo le dicen lengua madre.

En una cultura democrática, las diferencias se discuten. En una cultura autoritaria, se........

© Diario de Los Andes