El refugio de las letras: donde el tiempo se detiene y el viaje comienza | Por: Diliver A. Uzcátegui
Por: Diliver A. Uzcátegui
Aprendí a descifrar el mundo a los cuatro años. Mientras observaba a mi hermano mayor batallar con las letras, descubrí que esos trazos eran, en realidad, llaves. Desde entonces, no he parado. Como bien sentenció la poeta Emily Dickinson: «Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro». Para mí, esa nave despegó en una biblioteca familiar donde las horas se diluían entre textos de medicina y aventuras, devorando palabras con la ayuda de una libreta y un diccionario donde anotaba cada término nuevo para mi curiosa mente.
Hoy, a mis 51 años, esa sed sigue intacta. Quienes me conocen saben que el mejor regalo para mi cumpleaños siempre será un libro; por eso, recientemente me obsequié lo nuevo de Isabel Allende y recibí la última entrega de Dan Brown. Ellos han habitado mi mesa de noche estas semanas, entablando un diálogo necesario entre mi propia historia y los misterios del futuro.
La periodista en medio de dos guerras
Cerrar las páginas de Mi nombre es Emilia del Valle fue una experiencia de reconocimiento........
