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Cúcuta y su bucle de reinicio permanente | Por: Alans Peralta

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23.04.2026

Recientemente se realizó el evento de presentación de los resultados del estudio “Cúcuta:¿cómo vamos?” en donde, desde el 2014 hasta el 2025, anualmente se han evaluado los ejes de mercado laboral, pobreza, educación, seguridad, movilidad, salud, medio ambiente y percepción ciudadana.

Cinco han sido los hallazgos recurrentes y crónicos en esta investigación en todas sus publicaciones: la alta tasa de informalidad y desempleo en la ciudad, la dependencia de la dinámica política y económica que ocurre en Venezuela, un tejido empresarial industrial débil, la percepción negativa sobre el tema de la inseguridad y, finalmente, el pesimismo sobre el rumbo futuro de la ciudad.

¿Algo ha cambiado? No. Desde el 2014 se ha hecho un importante proceso de diagnóstico pero esto no ha sido correspondido con acciones de mejora porque los problemas siguen siendo los mismos. La sociedad cucuteña, su dirigencia política, sus instituciones no han logrado construir una estrategia coherente que permita pasar del dicho al hecho.

Aquí un elemento clave: las transformaciones profundas reales en sociedades partieron de convertir buenos diagnósticos en un compromiso de la mayoría (un relato futuro) hacia la movilización y la acción colectiva. A Cúcuta le hace falta un proyecto común, un destino concertado.

Pero esto no es un fenómeno atinente a realidades o procesos recientes. Más bien parece algo marcado en el ADN generacional de la ciudad desde hace 151 años. Partiendo como hito de análisis el terremoto de 1875 que, a la par de la destrucción de Cúcuta, significó una oportunidad para recrear una ciudad moderna y menos rural. Un reinicio, literalmente, desde las ruinas.

La llegada de la bonanza cafetalera a la ciudad (1880-1910), que también atrajo a inmigrantes (sirio-libaneses, italianos, alemanes y otros) con ideas y prácticas comerciales innovadoras, una incipiente acumulación de riqueza, la creación de instituciones cívicas de acción colectiva,el desarrollo de una élite de importadores y exportadores que discutían ideas de progreso, un ecosistema de medios de prensa que fomentaban el debate político y una  identidad regional que se consolidaba auguraban el éxito como sociedad.

Eran las condiciones mínimas para una “masa crítica social” que convertirían la ciudad en uno de los principales ejes de desarrollo del país. Pero, al final, eso no ocurrió.

Cúcuta: el “bucle” permanente

No se inició el proceso, fundamentalmente, por cuatro razones: en primer lugar regía un proyecto modernizador y de desarrollo diseñado por las élites para las élites, que no abarcaba ni comprometía a otros sectores de la sociedad. En segundo lugar, la violencia generada por la Guerra de los Mil Días que asoló duramente a la ciudad. Además, la dependencia........

© Diario de Los Andes