Inercia o rapidez
23 de febrero 2026 - 04:40
ALGO que los humanos perseguimos, siendo o no conscientes de ello, desde que nuestro entendimiento se hace mayor de edad hasta que la razón propia de nuestra condición nos abandona, es la certeza.
Enemigo, acérrimo, de lo cierto, es lo confuso. La confusión, irremediablemente, conduce a la desorientación, y esta, también de modo inexorable, a la falta de seguridad que, a su vez y de nuevo, de manera ineluctable, conlleva la angustia. Esa angustia, a la que alguien denominó: ‘vital’, que nos hace sentir como si se disolviese el ‘yo’ que nos hace ser lo que somos; que imbuye la duda en el cotidiano existir; que nos inculca la sensación de continua e insalvable opresión; que nos sumerge, y en ocasiones ahoga, en una temible e insoportable sensación de total desvalimiento.
El Naphta de ‘La montaña mágica’ (novela de Thomas Mann), creía, y nosotros con él, como muy probable que una de las causas de la confusión que impera en las vidas de los humanos, que nos somete y es causa de intensa y común desolación, es “la desproporción entre la rapidez del espíritu y la terrible pesadez, la lentitud, la resistencia de la........
