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Sobre ayunos y desayunos en cuaresma

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26.03.2026

26 de marzo 2026 - 03:17

La cuaresma tiene un eco social que no solo se percibe en las calles y templos de nuestra ciudad, sino también en las redes. La información que fluye por las pantallas a veces suena a música celestial, pero otras muchas es ruido digital que confunde más que aclara. Y cuando digo “a muchos” incluyo a cofrades y a sacerdotes influencers que he leído navegando por ahí. Por esta razón, viene bien definir el sentido verdadero del ayuno y el des-ayuno en cuaresma.

De entre los muchos mensajes de conversión que se comparten en internet encontramos frases como: “Hay que ayunar de malos pensamientos, de palabras hirientes, de faltar a la caridad…”. Son palabras que parecen biensonantes, seguramente escritas y compartidas con muy buena voluntad, pero que desvirtúan el significado primigenio y real del ayuno cuaresmal. Si disertamos etimológicamente la palabra “ayuno”, encontraremos que procede del latín (ieiunium), que viene a significar “en ayunas”, “hambriento” o “sin comer”. Por tanto, los latinos lo usaban para referirse al que por alguna razón había dejado de alimentarse.

El arraigo cristiano al sentido religioso debemos buscarlo en la figura de Jesús cuando “empujado por el Espíritu, se fue a orar al desierto”. Allí ayunó cuarenta días y al fin sintió hambre”. En esta necesidad tan propia del hombre de comer, Jesús muestra su humanidad y el Demonio, su maldad, en una primera tentación: “Si eres el Hijo de Dios, haz que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús no cae en la tentación y presenta el ayuno como un arma para combatir el deseo de aferrarse a la comida como el único camino a la felicidad. Así responderá: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Si dejamos a un lado los Evangelios y buscamos el sentido del “ayuno” en el diccionario, encontraremos que la Real Academia de la Lengua Española sí recoge un sentido más amplio del ayuno admitiendo acepciones como la privación de alimento, bebida o de cualquier cosa (como “las palabras hirientes” del mensajito en redes). Sin embargo, esta concepción popular registrada en nuestra lengua dista mucho del sentido de la práctica cuaresmal que muchos cristianos de a pie pretenden realizar especialmente en estos días tan señalados en el calendario.

El ayuno debe ser entendido como un medio, una técnica o arma que priva al cuerpo temporalmente de los placeres mundanos (especialmente, los culinarios). Esta práctica es una renuncia voluntaria que sirve de ayuda para crecer en el dominio de uno mismo, en la conversión espiritual y en la unión con Dios al mismo tiempo que se solidariza con los más necesitados (pues de todo lo que se ayuna se debe dar limosna). No caben, por tanto, objetivos mundanos como ahorrar o ponerse a dieta.

Por todo esto, el cristiano que ha entendido el verdadero sentido del ayuno, ayuna de cosas buenas. No se plantea ayunar de malas acciones porque eso sería confundir el fin con el medio. Luego, el Domingo, como es preceptivo, se rompe el ayuno, y en este des-ayuno de anticipación de la Resurrección del Señor, cabe todo lo bueno: desde el chocolate con churros hasta el café con su mollete de jamón. Y si encima es en una terracita al sol, mejor que mejor.

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