Jerez, Lunes Santo: todo es de color
30 de marzo 2026 - 05:27
Todo es de color -tal cantara la racial Lole con sus ojos grandes y húmedos como un océano con pestañas- en este Lunes Santo que hoy amanece nunca a la retaguardia de ningún verso quebrado. La mañana marida el blanquinegro de un manto luctuoso y la tez pálida de Nuestra Señora que incontinenti ofrece -a la nada- la corona de espinas de su hijo muerto. El aire huele a madero vacío. El vientre de la intrahistoria de Jerez resitúa y resetea el aparente sentido lineal, cronológico, del tiempo. Es la nostalgia -de lo vivido- la que ejerce e incluso domeña la superposición de las épocas. La mezcolanza de los recuerdos. La preselección al bies de escenas cuya impronta no atiende a fechas ni calendarios. Por esta extraña pero intacta razón hoy toma posesión de su cargo de teniente hermano mayor José Manuel González López ‘el Guardia’ de la Candelaria, a quien tanto extraña el amigo Antonio Aguilar Cala. Y al mediodía por ti mismo comprobarás in situ cómo te acoge en Madre de Dios los abrazos sonoros de Luis Mateos López de la Banda. Tío Luis para tantísimos cofrades que de él aprendieron el rigor de la gestión y la empatía de la discreción. Ofrecerá la misa de Hermandad a los disciplinantes de Amor y Sacrificio el sacerdote jesuita Pedro Guerrero González, un hermano mayor camino de los altares…
El Lunes Santo no es exclusivamente -aunque también- un anciano provecto de cuerpo menudo –cuya opción requiere permanecer en casa y así, recogido, presenciar el paso de las hermandades al hilo de las siempre profesionales retransmisiones de las televisiones locales- sino pandillas de adolescentes que estrenan el callejeo diurno y el cangrejeo nocturno de los primeros amores -cogidos de la mano- viendo cofradías. Si el Domingo de Ramos precisó la reunión familiar de modo grupal, el Lunes Santo ya las compañías se tornan electivas de enamoramientos recentísimos. Acaramelados, los adolescentes pelan la pava mientras observan con detenimiento el transcurrir de una corporación nazarena. Cuando el Lunes Santo alcanza el quijotesco -o más bien cervantino- orto de “al alba sería”, tú y yo, querido lector, seremos las personas más ciertas de las horas inciertas. Sabremos entonces, al despertar, que la noche no desmerecerá la gracia recia -y sabrosona- de un cartucho de pescado del freidor de la calle Arcos. Es un poner…
También hoy, sonará en el paraninfo de las lecciones magistrales -dictadas por la cátedra de la nostalgia- los violines in memoriam, por los cofrades fallecidos que de seguro pulularán esta tarde por los predios y los promedios de sus cortejos nazarenos. Estoy convencido que en Madre de Dios harán acto de invisibilidad Álvaro Domecq Díez, Salvador Domecq Díez, Salvador Rivero Sánchez-Romate, el mentado Luis Mateos López de la Banda, Gabriel Mateos López de la Banda, Manuel González de la Peña y Reyes, Carlos González Rivero, Mauricio González Gordon, Manuel Romero Sánchez, José María Romero Sánchez, Cristóbal Romero Sánchez, Sixto de la Calle Jiménez, Juan Pedro López O’ferral, Juan Granados, Miguel Martínez, Pepe Vergara, Manolo González de la Peña Sánchez, Margot Romero Benítez, Carmen Sánchez González de la Peña, Rafael Bedoya, Angelita Campoy, Margara Benítez Benítez, Rafael Mateos López de la Banda, Margot Benítez Ondovilla, Álvaro Domecq Romero…
Los anticatólicos de turno harán referencia -a propósito de este Lunes Santo- a la viperina embestida (horresco referens)… A la critica sangrante. Al comentario burlón expresado con ligereza. Sin fundamento. Ni conocimiento de causa. Sin retrospectiva, sin prospectiva. Sin tener ni pajolera idea de cuanto encierra y libera esta grandeza tradicional -esto es: espiritual- ni, por descontado, saber de la misa la mitad. Nosotros, los cofrades, siempre a lo nuestro, porque no sacamos los pies del tiesto de la tolerancia. Vade retro a los extremismos. Y por esta noble razón -el que la lleva, la entiende- asumimos que, por San Marcos, florecerá una estela gratificante que huele a nevada y azahar de los tiempos primeros. A los años no de iniciación sino de cimentación -de enseñanza y siembra- de José Ramón Fernández Lira, Justo Garzón Martínez, José Guerra Carretero, José Soto Palas o el padre Carlos González García-Mier. O, por la Catedral, Juan Román Fernández y Paco Carrasco García. En este Lunes Santo, sí, todo es de color. Incluso la muerte de los hermanos idos que continúan vivos en la emocionada memoria de quienes hoy de nuevo se revestirán de gloria bendita: esto es: de la eternidad del santo habito nazareno…
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