Presidentes y aduladores
Contaba Juanma Moreno en El Hormiguero que, al conocer a Pedro Sánchez de joven, le encontró un punto de altivez -el dardo en la palabra- y poca empatía, aunque en su talante cortés el andaluz le disculpó por su atractiva presencia física. Una discrepa no en que el presidente fuera guapo que lo era sino en que serlo lleve aparejada la presunción. Guapo y mucho más que Sánchez es Oliver Laxe y tiene el buen gusto de no creérselo o hacer como que no se lo cree. Lo que ocurre es que es fiel a sí mismo, dice lo que piensa con autenticidad y en fin tiene ángel, condición que en este mundo repleto de aprendices de demoniejos habría que poner de actualidad.
De ángel carece Sánchez para una parte importantísima de la sociedad española que le chilla cada vez que sale. Para compensar, su clac se desgañita, ya sea la ministra Montero cuando se desencuaderna las falanges, ya sea cuando Óscar Puente o Tezanos le llaman guapo, ya sea cuando Zapatero afirma que Sánchez acierta siempre en política exterior, o ya sea cuando una ministra carente de sentido del ridículo, la misma prima donna que vociferaba:- ¡ Vergüenza, vergüenza! -en el Congreso entre el rubor de los asistentes le embadurna de halagos: «¡Eres el súper héroe de la democracia, eres el superhéroe de la paz, eres el superhéroe de la dignidad, de los derechos y del feminismo!». Gracias, gracias presidente oh capitán mi capitán». Y todo eso lo gritaba Ana Redondo entre aplausos descerebrados, si bien ante el bochorno honroso del propio homenajeado que ¿es solo mi percepción o parecía no saber dónde meterse? Esta misma Ana Redondo de las pulseras de igualdad es la que le ofreció una cenita al fiscal general: - no estás solo que solas están las mujeres a las que le falló la protección- precisamente por estar imputado.
Se hace mucha cuchufleta y con razón de los pelotilleros de Trump, incluso con chistes irreverentes donde los líderes mundiales le besan el trasero. Es lo que tiene el empalago adulador. Que pone en ridículo a los besucones salivosos pero aún más a su destinatario.
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