Si después de diez años han hecho esto con él, ¿qué harán conmigo?
Buenos días, son las ocho de la mañana, las siete en las Islas Canarias; bueno, seguro que mientras lee estas líneas no son estas mismas horas, pero da igual, ya que lo que me gustaría es que me permitan que les cuente una historia, que es muy corta ya verán.
El pasado 17 de julio los oyentes de la radio nos despertamos escuchando como hace uno para despedirse después de 11 años y pico. Como te despides de lo que ha sido tu segundo hogar (al final solemos pasar más tiempo en el trabajo y pensando en él, que el tiempo en nuestra propia casa), y como te despides de toda la gente que te acompaña y te considera la mejor manera de estar informado, cada mañana. Además, el protagonista de esta historia, que nunca ha querido ser protagonista de nada (menos cuando hicieron un ninot a tamaño natural, ahí no le importó), no había contado nada de esto a ninguno de sus colaboradores diarios. Parece ser que solo lo sabía el presidente de su empresa, por aquello de que es quien al final firma la nómina mensual, digo yo. Pues bien, una vez resumes en casi 20 minutos lo que supone dejar tu trabajo, o al menos parte de él, es cuando puedes ver la cara de todos los colaboradores con esa expresión de “¿y ahora, ¿qué?
Lo realmente interesante de aquella mañana no fue que Carlos Alsina anunciara un cambio profesional. Cambios los hay todos los días. Lo extraordinario fue contemplar las caras de quienes llevaban años compartiendo estudio con él. Nadie estaba interpretando un papel. Había sorpresa, sí, pero sobre todo había respeto, y en más de un caso, hasta envidia (Rafa Latorre, ¡te toca madrugar!). En apenas unos minutos entendieron qué ocurría, por qué ocurría y cuál sería el siguiente paso. Nadie tuvo que enterarse por un grupo de WhatsApp. Parece una obviedad, pero en los tiempos que corren casi constituye una innovación empresarial.
Carlos Alsina, como buen profesional, aplicó la primera opción y planificó que podrían hacer alguno de sus fieles colaboradores, y ahí tenemos a Marta García Aller cubriendo el espacio de la tarde, y ofreciendo al querido Rafa Latorre, la función de madrugar lo más grande, para atender el espacio “menos divertido” del programa, regalando a Marta más horas de sueño reparador. La pena........
