Con la mirada en la Luna y los pies en la tierra
HHemos vuelto a la Luna, por fin, aunque esta vez no pongamos un pie en ella. Y es un viaje que da respuesta a aquella queja de Neil Armstrong en Tenerife, en 2011, cuando se preguntaba, un año antes de morir, por qué no habíamos vuelto al satélite que él había estrenado con su célebre huella. “Sé que la Luna está esperando por nosotros”, afirmó con nostalgia en el Festival Starmus, rodeado de pioneros octogenarios como él, los abuelos del espacio.
Este es un acto que nos honra como civilización, una acción conmovedora tras más de medio siglo de ausencia, que está siendo como un regreso al futuro, y otra vez significa un gran paso para la humanidad, porque volar al espacio, lo más alto, en esta ocasión es, además, salir de lo más bajo, del sótano de la guerra. Nos saca de un atraso bélico medieval respecto a la Guerra Fría -que, hoy, en comparación, resulta envidiable-, cuando Kennedy formuló el deseo de llegar a la Luna antes del final de la década de 1960, aunque él no lo llegara a ver.
En el contexto de la camorra actual, Trump, obcecado con sus muertos y bombardeos, muestra indiferencia por la noble aventura espacial de la misión Artemis II, que, como escribía en estas páginas Enrique E. Domínguez, ha puesto........
