“Habrá disparos esta noche en la sala”
Trump adora la fama, se autoadmira e idolatra y echaba de menos los focos amables por alguna gesta ostentosa. Llevaba una temporada de capa caída por el fracaso de la guerra, el desgaste electoral y los rumores de senilidad. El atentado del hotel Hilton le ha colmado de lo que más ansiaba en estos momentos: sentirse el centro de todas las miradas, como un superhombre que ha superado tres intentos de asesinato.
Tras resultar ileso una vez más, la noche del sábado, se ha explayado congratulándose de ser uno de los elegidos en la historia de los magnicidios de su país, los presidentes “que mayor impacto tienen, no los que pasan desapercibidos”. Como Abraham Lincoln o Kennedy, pero con más suerte, ellos murieron y él sobrevivió.
Con esa reacción, genuinamente narcisista, el republicano se muestra incorregible. Cuando aquella bala le pasó rozando, el 13 de julio de 2024, en un mitin en Pensilvania, era un candidato con malas encuestas, y su imagen icónica levantó suspicacias. Trump, ensangrentado, alzando el puño junto a la bandera americana, pedía a los agentes de seguridad que se pararan para gritarle al público: “¡Luchen, luchen, luchen!”. Ese día se........
