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La paleta de Zorn

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02.04.2026

02 de abril 2026 - 03:10

Visitar nuevamente la gran exposición dedicada a Zorn estos días en Madrid permite estudiar con detenimiento sus procedimientos y logros. En un autorretrato pintado en París en 1896, en el que el artista aparece enfundado en su bata de pintor y al fondo de la estancia una modelo sentada parece descansar entre las sesiones de pose, podemos ver nítidamente los colores que usa en la paleta que sujeta con la mano izquierda. Tan solo blanco, ocre amarillo, rojo y negro. La gama no puede ser más escueta, pues ni tan siquiera aparece un azul. Se ha hablado mucho sobre la paleta de Zorn y su capacidad para reproducir todas las gamas de los colores del natural con un número tan reducidísimo de pigmentos. En realidad, estos cuatro colores, bien mezclados, permiten un arco tonal cálido que puede llegar hasta los grises fríos que permite la mezcla del negro con el blanco, pero imposibilita la aparición de azules, verdes y violetas en todas sus gamas. Esta elemental paleta permite a Zorn salir airoso en sus cuadros de interiores y retratos, donde, por lo general, las gamas son cálidas y grisáceas, pero cuando sale al exterior y practica el plen air en paisajes y vegetación, ineludiblemente ha de añadir un azul –cobalto o ultramar- y en ocasiones un verde esmeralda. Queda su paleta entonces reducida a cinco colores o a seis, en la posibilidad más extendida de todas. Esta ha sido siempre la paleta super reducida de los antiguos maestros y de toda la gran tradición de la pintura europea, desde los venecianos con Tiziano a la cabeza. Yo mismo la he usado siempre, a lo largo de toda mi trayectoria como pintor, con ligeras variantes en función de los intereses cromáticos y temáticas de cada obra o grupo de ellas. En un contexto histórico donde la aparición y evolución del Impresionismo, con sus nuevas aportaciones libres y desinhibidas al mundo del color, introduciendo los pigmentos de gran brillantez y coloración ofrecidos por la comercialización de los óleos en tubos de estaño, la permanencia y sujeción a la paleta clásica de los antiguos por parte de Zorn y otros pintores de la corriente naturalista es toda una declaración de intenciones. La paleta reducida clásica se domina antes que las superabundantes, permitiendo una velocidad y virtuosismo extraordinarios en la captación del natural. Maestros como Sargent, Sorolla o Zorn la emplearon magistralmente, para comunicar su talla al mundo, para distinguirse de la vulgaridad, y para rendir homenaje a los grandes del pasado que tanto veneraban.

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