Fiesta lejana
20 de abril 2026 - 03:08
Empiezan los días de la fiesta lejana. Es bueno que haya fiestas tan hermosas como la que esta noche se inicia. Es bueno que tantos miles de personas la disfruten con el mayoritario saber estar de quienes, porque saben vivir, saben divertirse celebrando la vida. Las fiestas nacidas de las entrañas de una cultura no son una ruptura con lo cotidiano, sino la celebración de lo que, pese a todo, lo hace vivible, la apoteosis de lo que cada día se vive o se intenta vivir.
Así sucede con nuestra Semana Santa, celebración de la religación con lo sagrado como fundamento de la vida, y con la fiesta que esta noche empieza, celebración de todo lo hermoso –amor, amistad, familia, música, baile, buen vino, belleza, seducción– que aligera sin engaño el peso de la vida, como un día inolvidable de feria me enseñó mi recordado amigo José María Mellado-Damas.
No tan distintas como pueda parecer a quien no nos conoce son estas dos celebraciones de la vida, la eterna y la efímera, nacidas a la vez, mediado el siglo XIX, con la reinvención de la Semana Santa y la invención de la Feria. Dejo para otro momento si esto es hoy mayoritariamente real o si la homogeneización global, que tanto erosiona la rica diversidad cultural, lo está dañando. Que las dos fiestas renacieran y nacieran en años de cambios tan profundos como los que ahora estamos viviendo, las secuelas del paso de la edad moderna a la contemporánea, permite ser moderadamente optimista.
Tomo prestado el título de este artículo del evocador y breve fragmento Fiesta lejana de La leyenda de la Giralda de Joaquín Turina. Porque quienes por esaboríos amantes del sosiego no la vivimos, apreciamos su belleza y la disfrutamos con quienes la disfrutan como el eco de algo hermoso que sucede lejos. A diferencia de la Semana Santa, la Feria deja la ciudad en paz. Algún destello, un coche de caballos, unas mujeres con sus trajes de gitana, el Arenal cada tarde, la hace presente recordando que estos son días grandes, luminosos, de la ciudad. Y en la memoria el eco de unas sevillanas para banda sonando por la radio un mediodía de Feria mientras mi abuela corta de la maceta uno de sus apreciados claveles de olor para que el marido de su niña mayor, traje, camisa blanca sin corbata abotonada hasta el cuello, lo lleve en la solapa.
También te puede interesar
Síntomas de elitismo cultural
Alberto González Troyano
Aviso desde Extremadura
A ti, exministro y putero
Las fotos del partido U.D. Almería - Málaga C.F.
