El Reich israelí
11 de abril 2026 - 03:07
Gedeón Safer se fundió en un abrazo ciclópeo y prolongado con sus compañeros de bancada. No era para menos. Todos en el parlamento, en la knéset israelí, eran conscientes de haber escrito una página histórica. A partir de ese momento, el país restauraba la pena de muerte, aunque solo para los palestinos. Sin duda había sido un día histórico que se sumaba a la férrea voluntad de Netanyahu, comprometido con la ampliación irrefrenable de las fronteras. Ya había arrasado Gaza, estaba sojuzgando el Líbano y pronto sometería a Irán. El mapa de Oriente Medio tenía cada vez más el color inconfundible de Israel. Eso le daba unos ánimos extraordinarios. En realidad, estaba exultante porque significaba que su plan iba a seguir hacia adelante. Esa misma noche estaba previsto asaltar los establecimientos de palestinos y prenderles fuego. Mañana mismo los obligarían a llevar un brazalete con una media luna amarilla. Y muy pronto estarían dispuestas las fábricas. De hecho, ya había seleccionado los terrenos en Gaza y en el Líbano, donde se levantarían. Les tenía encargados unos cartelones inmensos, para recibir a los palestinos bajo el lema de “el trabajo os hace libres”. Los uniformes a rayas pronto estarían disponibles. Incluso tenía decidido el tipo de barracones donde los instalaría y las duchas colectivas que dispondría en las cuatro esquinas del campo fabril. Al maestro Ciruela le llegaron todas estas noticias a través de Daniel Diotallevi, un eminente historiador de Harvard, con quien mantenía una perenne amistad, desde que coincidieron en la Universidad de la Patagonia, cuando ambos estaban iniciando sus respectivas trayectorias académicas. El abuelo de Daniel era pariente de Primo Levi. Como él, sobrevivió a un campo de exterminio nazi. Cuando lo liberaron de Dachau emigró a Palestina en busca de los suyos. Pero allí resultó ser de los otros, un sefardí en territorio incómodo. Se marchó a Estados Unidos donde se estableció y formó una familia. Daniel no pudo sustraerse a las secuelas familiares del Holocausto. Lo estudió con reiteración hasta convertirse en un reputado especialista. Hace tiempo que sustentaba la convicción de que Netanyahu venía a ser la reencarnación de Hitler, con lo que Israel reproducía los patrones del III Reich. El maestro Ciruela sabía que su amigo era una personalidad austera, poco inclinada a las ironías. La carta solo confirmaba lo que llevaba tiempo anunciando. El maestro Ciruela le dio la razón. Pensó que no dejaba de ser una desgarradora ironía que ese hubiera sido el último correo que iba a leer de Daniel. El maestro Ciruela se estaba quedando ciego.
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