¿Es España una pieza defectuosa?
Creado: 06.03.2026 | 05:00
Actualizado: 06.03.2026 | 05:00
Una tremenda secuencia cinematográfica de la película El expreso de medianoche (1978), a la vez que impresionante por su naturaleza triste y desazonadora, nos permite reconocer determinados comportamientos del ser humano en situaciones de especial trascendencia para la toma de decisiones, sean éstas aventuradas, conscientes o simplemente improvisadas, aún a riesgo de no saber si son las acertadas. Me refiero a la secuencia que podemos denominar ‘dando vueltas’ que en la película corresponde a las deprimentes escenas en el patio de la prisión en la que está preso el protagonista, Billy Hayes, condenado a 30 años en una cárcel turca por tráfico de drogas. En esa secuencia, los reclusos caminan en círculos en torno a una columna bajo estricta vigilancia. Destaca el deterioro físico y mental de Billy Hayes, la tortura psicológica, y el intento de supervivencia en un entorno hostil.
¿Será un propósito de supervivencia ser el único que gira al revés?... ¿Acaso se sabe cuál es el objetivo final de ese andar loco hacia la derecha?
El patio en realidad se encontraba en el sector para presos enfermos mentales al que Billy Hayes fue derivado después de un altercado en la celda común del que fue acusado como causante del mismo. En aquel patio un centenar de internos se dedican a girar incansablemente en redondo, mecánicamente y sin sentido, en torno a la columna. No saben por qué ni para qué. Pero continúan girando. Domados, sometidos, embrutecidos y carentes de pensamiento crítico. De alguna forma han dejado de pensar y de ser. Solamente giran. Y lo hacen siempre hacia la derecha. Incansablemente hacia a la derecha. Desde siempre y para siempre a la derecha. Sin alma. El espectador, al ver la película, gracias a la magnífica producción y a la música, es capaz de percibir esas sensaciones.
Como si de un axioma conductual se tratara, y que solo puede ser fruto de una calculada alienación, ninguno de los internos se plantea otra cosa que no sea girar hacia la derecha, aunque sea un camino hacia ninguna parte. Seguro que al amable lector le suena: ¿acaso se sabe cuál es el objetivo final de ese andar loco hacia la derecha?
Pero Hayes empieza ahí su particular salida de los infiernos. De pronto empieza a girar en el sentido contrario ante la reprobación, insultos y hasta agresiones de quienes continúan por el camino heredado y aprendido.
En una escena memorable, uno de los presos, que se vanagloria de ser un filósofo que había estudiado en Viena y que había sido condenado porque se le acusó de violar a una niña, entre otros detalles curriculares, lo increpa violentamente afirmando que todos los que están allí son piezas de una máquina perfecta y que, en aquella normalidad, ir en el sentido contrario era una anormalidad propia de una pieza defectuosa. Es más «girar hacia la izquierda era de comunistas», le susurraba a voces el filósofo loco.
Por pura supervivencia, Hayes elige seguir siendo ‘defectuoso’ y continúa caminando en el sentido contrario a la embrutecida masa que solamente gira hacia la derecha. Seguro que al amable lector también le suena: ¿será un propósito de supervivencia ser el único que gira al revés?
En todo caso, la actitud del protagonista, finalmente, le permite evadirse tomando lo que los reclusos llaman El expreso de medianoche, una expresión que significaba en el medio carcelario de la película tomar el tren de la Libertad a base de poner en práctica una resiliencia a ultranza. ¡Y en esas estamos, creo!
En la actual situación internacional, pues, parecería que no nos queda otro remedio que ser piezas defectuosas, aún a riesgo de que ello suponga plantar cara a las directrices derechistas de Trump, de las que otros locos inmersos en la ‘normalidad’ comparten el giro en torno a la tétrica columna carcelaria dirigida por Alan Parker y guiada por Oliver Stone.
