Calabazas, catrinas y caja registradora
Camino por el paseo de calabazas, hay paja en todas partes, luces naranjas, humo de hielo seco y bocinas con risa de bruja grabada, las calabazas viajaron en camión desde bodegas lejanas y HEB las apiló en pirámides.
Cada una luce su sonrisa tallada y etiqueta con precio, héroe de banqueta, resisto con taco en mano y cartera en peligro.
La fila avanza lenta entre vampiros de oficina, enfermeras de pasarela y dinosaurios inflables, delante va mi vecino disfrazado de Pedro Infante, detrás vienen tres chavos de payaso asesino, el boleto cuesta lo mismo para vivos y muertos.
Halloween nació entre los celtas, ellos llamaban Samhain a la noche del cambio de estación, creían en espíritus sueltos y encendían hogueras, tallaban nabos, no calabazas.
Los irlandeses cruzaron el océano con la costumbre, los norteamericanos la compraron, la empacaron y la devolvieron con moño, nos la ofrecen en caja, con luces y disfraz incluido.
Pagamos felices, con la dignidad olvidada en el estacionamiento.
Los protestantes miran la fiesta con encono, ellos recuerdan el 31 de octubre por Lutero y sus tesis clavadas en 1517, para sus pastores la brujería es pecado, el disfraz, el dulce, predican contra la calabaza desde el púlpito.
Mientras tanto, sus........
