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Ya llegó el primer verdor —la prima vera—, pero no se siente igual

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18.03.2026

Quienes hemos vivido muchos años aquí aprendemos a reconocerla: 

El aire se vuelve más cálido, la luz más intensa y la vegetación se transforma con nuevas hojas y flores. 

Se intensifican las alergias, aumenta la actividad de los polinizadores y aparecen los primeros episodios de calor intenso.

Al recorrer nuestros ecosistemas, puedo ver los signos inequívocos de la estación: 

El palo blanco renueva sus hojasLa hierba de potro florea, la anacahuita despliega sus flores blancas y el mezquite inicia su floración, aumenta la presencia de polinizadores y todo ello llena el entorno de color.

Hay algo profundamente valioso en poder presenciar cada nuevo ciclo. 

Al menos a mí me genera una sensación difícil de describir con precisión:

Una mezcla de paz.gratitud por estar presentepertenencia y conexión con el lugar en el que vivimos.

Cada año, aparentemente, ocurre lo mismo. 

Florecen las mismas especies en los mismos meses, siguiendo un ritmo moldeado durante miles de años por el clima regional. 

Sin embargo, aunque en apariencia todo se repite, el contexto ya no es el mismo. 

Hoy tenemos más días cálidos y episodios de calor extremo. 

Durante los últimos 10 mil años, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera se mantuvo cercana a las 260–280 partes por millón, a partir de la Revolución Industrial ese equilibrio se rompió y hoy se sitúa alrededor de las 429 partes por millón. 

Este cambio está alterando el clima, haciendo que las primaveras sean cada vez más cálidas y los inviernos también, lo que modifica de manera sutil pero constante los ciclos naturales.

Los pronósticos para la primavera de 2026 en Monterrey apuntan, nuevamente, a temperaturas por arriba del promedio histórico. 

No se trata de un evento aislado, sino de una tendencia clara que se ha venido consolidando en las últimas décadas.

El aumento de temperatura no solo modifica la sensación térmica; también incide directamente en los procesos biológicos que sostienen nuestros ecosistemas.

Las especies enfrentan un reto enorme. 

La velocidad del cambio climático es tal que muchas no pueden adaptarse o evolucionar con la misma rapidez. 

Los ecosistemas entran en tensión: 

Algunas especies cambian su distribución y el ritmo de sus ciclos para adaptarse otras reducen su presencia y algunas más pueden desaparecer localmente.

En Monterrey observamos una mezcla de continuidad y cambio. 

La primavera sigue llegando, las especies siguen floreciendo y las alergias siguen presentes, pero el contexto climático en el que ocurre todo esto es distinto.

La primavera sigue siendo un tiempo de renovación. 

Pero también se está convirtiendo, cada vez más, en un recordatorio de la velocidad a la que estamos transformando el sistema climático del que dependemos. 

Esto nos obliga, a todos —individuos y organizaciones—, a comprometernos a reducir nuestro impacto climático.

Se siente la llegada del primer verdor —la prima vera—, pero ya no la siento igual.


© Detona