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Aquel supervisor de nubes acostado en una hamaca

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26.06.2026

Conocemos a Rodríguez Zapatero desde 1986. Y le combatimos desde que nombró a Raúl Morodo embajador en Caracas, embajador que fue juzgado, condenado a cárcel y multa junto a su hijo por corrupto, y sobre todo porque se dedicó a blanquear la dictadura de Maduro.

Tras su elección, Rodríguez Zapatero trabajó en las comisiones parlamentarias a las que había sido adscrito. Era un diputado educado, tranquilo, que cuando subía al bar trasero del hemiciclo se detenía a hablar con nosotros para comentar alguna cuestión o sobre ETA, o sobre la dureza de Aznar, o sobre el tren de La Robla, que unía León con Bilbao, o sobre temas de actualidad. La relación siempre fue buena. Cuando fue elegido secretario general del PSOE y hubo de firmar la Ley de Partidos y asumir muchas de las impresentables políticas de Aznar, siempre se justificaba diciéndonos que entonces le tocaba cerrar puertas para luego abrirlas cuando fuera presidente del Gobierno. Tenía muy asumido que lo sería. 

Sin columna vertebral

Sin completar su segunda legislatura, el viernes 3 de febrero de 2012 José Luis Rodríguez Zapatero se despidió ante los suyos como secretario general del PSOE. Yo me despedí de él, parlamentariamente hablando, con una pregunta sobre aquella ocurrencia que nos presentó como la panacea para la resolución de la paz en Oriente Próximo y con el mundo árabe: el encuentro o diálogo de civilizaciones. Un encuentro que no se enteró de la primavera árabe y que en la práctica solo sirvió para darle cierta cobertura a Turquía y un trabajo al expresidente portugués Sampaio.

Xabier Arzalluz tenía una expresión para calificar a personas como Zapatero: “Gentes sin columna vertebral”. Un día dicen una cosa, la semana siguiente otra, andan con un sombrero de moda y cada cierto tiempo sacan un conejo de esa chistera, sonríen mucho, hacen las grandes faenas a los cercanos, se encaprichan con la gente, tienen buena voluntad pero ningún proyecto coherente sobre casi nada... y tira millas. Bien es verdad que eso suele funcionar parcialmente, pero solo en tiempos de bonanza.

Es verdad que también ganó dos elecciones y que tuvo al PSOE en un puño, tras cargarse la generación anterior a la suya, por lo que no le tenían la menor simpatía... Ni González ni Solana ni Almunia ni Serra, ni Solchaga ni Benegas ni nadie que él creyera que le podía hacer sombra quedó vivo para contarlo, salvo Pérez Rubalcaba, que hizo lo mejor que sabía hacer: rubalcabismo.

Ante esta descripción se nos puede preguntar a nosotros, ¿por qué ustedes le apoyaron al........

© Deia (Tribuna Abierta)