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El 13 de marzo: la derrota que allanó el camino de Fidel Castro

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13.03.2026

LA HABANA, Cuba.-La historiografía escrita en Cuba con posterioridad a 1959, tan llena de omisiones, subjetivismos y falsedades, no está exenta de paradojas. Muchas veces se exaltan ciertos hechos heroicos y se lamenta que figuras revolucionarias hayan perecido en ellos, cuando en realidad fueron sucesos que facilitaron el accionar de los actuales gobernantes de la isla. El asalto al Palacio Presidencial y la toma de la emisora Radio Reloj el 13 de marzo de 1957 fue uno de esos hechos.

El 29 de agosto de 1956 se firmó en México la Carta de México, documento suscrito por Fidel Castro en nombre del Movimiento 26 de Julio, y José Antonio Echeverría por la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). En la Carta ambas organizaciones se comprometían a juntar esfuerzos en la lucha contra el gobierno de Fulgencio Batista. Se trataba de trazar estrategias para el combate, aunque no se habló de acciones específicas por parte de ninguna de ellas.

Por ello debió causarle cierta sorpresa a Fidel Castro, ya por entonces en su campamento de la Sierra Maestra, la audaz acción de la FEU aquel 13 de marzo de 1957. Si el asalto al Palacio Presidencial resultaba exitoso y Batista era eliminado, todo habría sido distinto para Cuba. Castro hacía apenas tres meses que había desembarcado en la isla; sus fuerzas estaban casi diezmadas tras el descalabro de Alegría de Pío. El naciente Ejército Rebelde nada hubiese podido hacer para intervenir en el escenario político que se abría para la sociedad cubana.

Ese es el motivo por el que suponemos que Castro haya respirado aliviado cuando se enteró de que la acción revolucionaria había fracasado. Aunque de boca para afuera el M-26 de Julio lamentara la derrota de Echeverría y sus compañeros, en su fuero interno Fidel Castro pensaba de otra manera. Ya para entonces era evidente que para él valía más su realización personal que la verdadera libertad de Cuba.

Y muy importante: con la desaparición de José Antonio Echeverría, Castro se quitaba de encima una figura que le traería muchos problemas una vez que sus huestes se apoderaran del poder. El líder estudiantil, un joven católico y además profundamente demócrata, no hubiese comulgado con un régimen que era la antítesis de sus principios.

En la alocución de José Antonio al pueblo de Cuba cuando ocupó la emisora Radio Reloj, y suponía que ya en ese momento Batista había sido ejecutado —alocución que pudo conservarse y que cada 13 de marzo se difunde por esa emisora—, el dirigente estudiantil califica al batistato como “un régimen de oprobio”. ¡Qué hubiese dicho si hubiera conocido al castrismo! De haber sobrevivido, a José Antonio le esperaba el exilio o largos años de prisión, como les sucedió a Hubert Matos, Pedro Luis Boitel y tantos otros.

Porque Batista, a pesar de gobernar con mano dura, fue solo un gobernante autoritario. Siempre supo que su mandato estaría acotado en el tiempo e incluso celebró elecciones presidenciales a finales de 1958, y se disponía a abandonar el poder en febrero de 1959.

Pero Fidel Castro, en cambio, nunca dejó entrever cuándo sería el final de su mandato. Cerró todos los espacios de participación de la sociedad civil y transformó el orden democrático en un desorden revolucionario. Con él conocimos una forma de opresión cualitativamente novedosa: estableció un régimen totalitario.

Si el azar aquel 13 de marzo acompañó las intenciones de Fidel Castro, sería muy conveniente que en este momento se pusiera de parte del pueblo cubano y eliminara a un régimen que nos hace a todos la vida imposible.


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