La suerte de aburrirse
Vuelvo a mi infancia y me veo diciéndole a mi mamá: “Estoy aburrida”. Ella me contestaba: “No sea burra”, y no se ocupaba más de lo que entonces para mí era una tragedia. Claro que aquella respuesta me molestaba, pero no tenía otro remedio que arreglármelas.
Debía entonces salir al patio y descubrirles el color rojo a las semillas de cundiamor; buscar dónde se escondían las cochinillas y los caracoles; sembrar plantas; inventar historias y, por supuesto, leer.
Si no hubiera tenido todo aquel aburrimiento “salvaje”, probablemente no sería la que soy hoy; no tendría los mismos gustos ni los mismos hobbies. Allí, en el tiempo libre de mi infancia,........
