¿Cómo Teherán está ganando tiempo?
Un iraní muestra una señal de victoria mientras pasa junto a una valla publicitaria de los difuntos líderes supremos iraníes el ayatolá Ruhollah Jomeini y el ayatolá Ali Jameneí en una calle de Teherán, Irán, el 15 de junio de 2026. Foto: EFE.
Comencemos por cuatro variables clave que entran en juego en esta encrucijada cada vez más peligrosa.
Primera. El Majlis —el Parlamento iraní— se reunió el martes por la noche, al inicio de la nueva era de Mojtaba, que comenzó el pasado viernes tras los ritos funerarios finales del antiguo líder supremo, el ayatolá Jamenei, asesinado en Mashhad. Los 290 miembros aprobaron por unanimidad dos resoluciones.
La primera exige al Gobierno —bajo la presidencia de Pezeshkian— que “acelere las capacidades nucleares”. Esto puede interpretarse bien como un aumento del enriquecimiento de uranio, bien como algo mucho más trascendental.
La primera exige al Gobierno —bajo la presidencia de Pezeshkian— que “acelere las capacidades nucleares”. Esto puede interpretarse bien como un aumento del enriquecimiento de uranio, bien como algo mucho más trascendental.
La segunda resolución rechaza cualquier (cursiva mía) compromiso con EE. UU. en los términos acordados previamente. Traducción: incluso si se renovara el memorándum de entendimiento (MoU, en inglés) —que, de hecho, fue echado por la borda por el presidente de Estados Unidos nada más salir de la cumbre de la OTAN en Ankara—, las condiciones serían mucho más duras para EE. UU.
Dos. El canal Irán-Pakistán-Qatar.
A principios de esta semana, Islamabad y Doha han reanudado intensas consultas —se podrían incluso calificar de frenéticas— con el objetivo de reabrir las conversaciones directas con Teherán el próximo domingo.
Se trata de una tarea sisífica, ya que tendría que llevarse a cabo en marcado contraste con los intensos bombardeos estadounidenses contra objetivos iraníes —incluida la infraestructura civil— y con el lema que corearon millones de personas en las calles de Irán la semana pasada: “Venganza”.
La diplomacia, sin embargo, es real. No obstante, los mediadores la han rebajado de “vía hacia un acuerdo” a “prevención de una catástrofe”.
Tres. El canal secreto Trump-Munir.
Los mediadores en lo que queda de la mesa de negociaciones confirman que Trump sigue realizando llamadas directas al mariscal de campo pakistaní Asim Munir, presionándole para que encuentre una salida que evite la humillación personal.
Esto invalida por completo las vociferaciones características del presidente de los Estados Unidos —que siempre dominan el ciclo informativo— de que Irán está suplicando llegar a un acuerdo. La realidad es exactamente la contraria. Munir, por cierto, es la última oportunidad para Trump en lo que respecta a una salida.
Cuatro. La respuesta militar iraní a los bombardeos estadounidenses.
Esto incluye, de manera crucial, municiones de racimo de precisión que están devastando bases estadounidenses en Kuwait, Baréin y Jordania.
La abrumadora mayoría de los daños reales no se está dando a conocer públicamente. Desde la base aérea de Al Udeid en Catar hasta el centro de mando y control en Jordania; desde los sistemas de misiles Patriot destruidos en Kuwait hasta la base aérea de Al Dhafra en los Emiratos Árabes Unidos;........
