Grietas por donde se filtra la luz
El presidente Donald Trump asumió la derrota militar en su guerra contra la República Islámica. Para enmascarar la debacle, anunció el inicio de una “guerra económica” que próximamente tendrá su "Día D", en referencia al desembarco en Normandía del 6 de junio de 1944. En forma simultánea, mientras las tropas de la Federación Rusa continúan el paulatino avance hacia el oeste, el frente interno de Volodymir Zelensky se resquebraja con el requerimiento de elecciones planteado por su exministro de Defensa, Mykhailo Fedorov, quien fuera destituido en julio último.
Las guerras en Europa Oriental y en el Golfo Pérsico son parte de la misma mutación internacional. Ambas contiendas expresan una misma transición estratégica, basada en el debilitamiento del unilateralismo estadounidense, la erosión del eurocentrismo cultural y la emergencia de una Mayoría Global que ya no acepta, en forma pasiva, las reglas dictadas desde Washington y Bruselas. En esos dos conflictos, además, se observa una paradoja concluyente: quien posee una ingente maquinaria militar capaz de destruirlo casi todo carece, sin embargo, de capacidad para configurar una arquitectura hegemónica. En Europa oriental, los 32 países que conforman la OTAN no han podido derrotar a la Federación Rusa ni han logrado destruir su economía a pesar de haber impuesto 21 paquetes de sanciones que suman 28 mil castigos y penalidades. Por su parte, en el Golfo Pérsico, la presión de Estados Unidos no obtuvo ni un cambio de régimen ni un acuerdo estable. La Casa Blanca conserva el poder de castigar, pero carece de autoridad geopolítica para imponer nuevos equilibrios. Esa incapacidad acelera la desconfianza de las monarquías del Golfo, que admiten, como un dato, la impotencia de Washington. Si Trump no puede........
