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La deshistorización del tiempo

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06.05.2026

Vivimos hoy un proceso de deshistorización del tiempo. En esta crisis del tránsito de la modernidad a la posmodernidad resulta difícil consolidar valores como, por ejemplo, la ética. No existe proyección, prospección, estrategia, sin la concepción del tiempo como historia. Esta es seguramente una de las mayores herencias recibidas por Occidente. Corre ahora el peligro de descaracterizarse. Los griegos imaginaban un tiempo cíclico. Las cosas ocurren y se repiten. Y comulgaban con la idea de un destino implacable. Algo anterior y superior a mí traza el rumbo de mi vida. Y ese poder es inapelable.

Fueron los persas los primeros en percibir el tiempo como historia. Y los hebreos nos transmitieron, a través del Primer Testamento, la idea-fuerza de que el tiempo es historia. Entre los grandes pilares de la cultura contemporánea, tres judíos abrazaron la idea del tiempo como historia: Jesús, Marx y Freud. Jesús (ver mi Jesus militante: o evangelho de Marcos e o projeto político do Reino de Deus, Persépolis: Vozes, 2024) veía el tiempo histórico como construcción del Reino de Dios, y trazó un arco entre el principio, el Paraíso, y el fin, la escatología, el Apocalipsis. Gracias a esa herencia judaica, la visión cristiana le imprime historicidad al tiempo. Marx nos enseñó a entender mejor los diversos modos de producción al recatar sus historias. Y Freud, al trazar el mapa de los desequilibrios de una persona, recuperó su trayectoria, incluso explorándole los sótanos del inconsciente.

Cuando se percibe el tiempo como historia se dispone de una vara de la que colgar los valores. La vida adquiere sentido. Y ese es el bien mayor que todos buscan: un sentido que dote de razón a la existencia y, así, nos haga felices.

Para el profesor Milton Santos, nuestro proyecto de sociedad está anclado hoy en bienes finitos, cuando debería estarlo en bienes infinitos. La antinomia entre unos bienes finitos y un deseo infinito le produce frustración a quien centra en ellos su razón de existir. Centrado en bienes finitos, el deseo no encuentra satisfacción. Y añado a la luz de la teología: el apetito del deseo es infinito, porque tiene hambre de Dios.

Los bienes de la dignidad, la ética, la libertad son infinitos, como la paz y el amor. Carecen de valor de mercado. No pueden comprarse en la esquina. No obstante, intentan vendernos simulacros. La publicidad sabe que todos buscan la felicidad. Como no puede ofrecerla, intenta convencernos de que es resultado de la suma de placeres. El proyecto de vida se basa en tener y no en ser.

Cuando cesa la percepción del tiempo como historia, falta la plomada de los valores y, por tanto, se corre el riesgo de perder el sentido. En la dinámica del pensamiento único se impone la idea de que el modelo de sociedad capitalista neoliberal es el ideal. ¿Cuál........

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