¿Por qué estaban clasificados?
Reconozco que les escribo del asunto sin demasiado conocimiento de causa. Es decir, me he bajado el tocho entero de documentación desclasificada del 23F, pero no lo he leído. Ni falta que me hizo, porque afortunadamente, uso como prescriptores a gente tan certera y fiable como Denny Horror y Alberto Núñez Feijóo.
Por Denny –y, sin quitarle mérito a él, también por la inmensa mayoría de mis amistades y por el runrún mediático– sé que el meollo del asunto son las conversaciones de la señora de Tejero. Por si fuese poco la imagen cañí de un guardia civil con bigote y tricornio poniéndose farruco en la sede de la soberanía popular, ahora todo el mundo sabe que el teniente coronel estaba considerado en casa como lo que en ese ambiente social se calificaba como un calzonazos. Un tipo todo lo campechano que quieran, pero del que se aprovechaba todo el mundo. Por tonto, según la opinión que su santa no se recataba en pregonar a sus amistades.
No dudo de que en chez Tejero se respiraba a diario un ambiente firmemente patriótico. Se palpa físicamente como la niebla espesa o el humo cuando se podía fumar en los pubs al escuchar las conversaciones de Carmen Díez Pereira (que, con esos apellidos, debía ser paisana mía) con sus amigas Herminia, Carmen Elvira o Sofía. Y eso que entonces –1981– ni había móviles ni mucho menos whastapp (pena de grupo que podrían haber tenido las señoras).........
