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La galaxia ultra de Orbán

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13.04.2026

Cuando Viktor Orbán regresó al gobierno en 2010, tuvo claro que no debía centrarse solo en consolidar su poder en Budapest, sino que debía forjar sólidas redes transnacionales con el objetivo de tener aliados en otras latitudes. Hasta 2021, el premier magiar disponía del entramado y los contactos que le brindaba el Partido Popular Europeo (PPE), al que su formación, Fidesz, se había incorporado a principios del milenio gracias a los avales de Aznar y Berlusconi. Desde los años noventa, Orbán fue estrechando vínculos sobre todo con la CDU alemana, así como con los conservadores británicos y los republicanos estadounidenses.

Sin embargo, el líder de Fidesz entendió que también era necesario construir unas redes propias que le permitieran tener más autonomía, lo que cobró mayor importancia una vez que abandonó el PPE. No se trataba solo de aprovechar los consabidos beneficios del trabajo de networking en un mundo plenamente globalizado, sino también de tener herramientas para poder dar la batalla cultural con más contundencia, dentro y fuera de las fronteras del país. No hay que olvidar que, cuando era aún un joven estudiante en la Hungría comunista de los años ochenta, Orbán se interesó por el pensamiento de Antonio Gramsci y el concepto de hegemonía cultural. De esto va, a fin de cuentas, su tesis de final de carrera, defendida en 1987 y dedicada a la estrategia del sindicato Solidaridad en Polonia.

Mientras iba construyendo un régimen autocrático electoral en el mismo corazón de la Unión Europea (UE), Orbán impulsó la creación de una serie de institutos, fundaciones y think tanks que pudiesen cumplir con cuatro funciones. En primer lugar, la de intermediación entre élites políticas, medios de comunicación e intelectuales. En segundo, la de forjar conexiones internacionales entre Europa y América. En tercer y cuarto lugar, la de difundir ideas y prácticas iliberales, ultraconservadoras y autoritarias, y la de legitimarlas bajo supuestas credenciales “académicas”.

El progresivo aislamiento de Hungría en la UE y las posibles sanciones comunitarias obligaron a Orbán a buscar aliados internacionales

El progresivo aislamiento de Hungría en la UE y las posibles sanciones comunitarias obligaron a Orbán a buscar aliados internacionales

Obviamente, el primer objetivo de Orbán fue el de fortalecer todo este entramado en su propio país para consolidarse en el poder en Budapest. Una vez conseguido eso, invirtió más esfuerzo y más dinero más allá de las fronteras húngaras. El contexto lo facilitó y lo pedía. Por un lado, la victoria de Donald Trump en 2016 y el auge de formaciones de extrema derecha en Europa ofrecían una ventana de oportunidad. Por el otro, el progresivo aislamiento de Hungría en la UE y la espada de Damocles de las sanciones comunitarias obligaron a Orbán a buscar con más urgencia aliados internacionales. Todo se aceleró con el abandono del PPE, en febrero de 2021: Fidesz se encontró de un día para otro sin un paraguas protector.

La creación en verano de 2024 de Patriotas por Europa (PfE) debe leerse también en esta lógica. De hecho, la fundación de PfE la dirige el eurodiputado húngaro András László. Recordemos que son miembros de Patriotas por Europa la Reagrupación Nacional francesa, la Liga italiana, la portuguesa Chega, los Partidos de la Libertad de Austria y Países Bajos, los belgas de Interés Flamenco, los checos de ANO y, obviamente, Vox. En noviembre de 2024, Santiago Abascal fue elegido presidente de PfE. En la cumbre Europa Viva 2025, celebrada en Madrid el pasado mes de septiembre, Orbán lo dijo claramente: “La cooperación internacional es la tarea más importante hoy para nosotros”.

El eurogrupo Patriots for Europe, el día de su presentación, 8 de julio de 2024. / X (PatriotsEP).

Un sinfín de GONGOs financiadas con dinero público

La longa manus de Orbán en Europa y el continente americano está formada por un sinfín de organizaciones formalmente independientes: fundaciones, institutos, think tanks, centros de estudios, universidades… Sin embargo, todas ellas se conocen como GONGOs (Government-Organized Non-Governmental Organization), es decir supuestas ONG que en realidad están controladas por el gobierno. Es el ejecutivo de Budapest quien las riega de dinero directa o indirectamente, a menudo, a través de la Fundación Lajos Batthyány (BLA). Sus presidentes o directores son miembros de Fidesz o personas muy cercanas al mismo Orbán. Entre ellas, por ejemplo, encontramos la Fundación Századvég, creada ya en 1993. Entre 2010 y 2016 este think tank ultraconservador consiguió unos 28 millones de euros de financiación pública y solo en 2024 obtuvo la friolera de casi 60 millones de euros para asesoramiento de políticas del Ejecutivo de Budapest.

Se dirá que Hungría es un país pequeño y con pocos recursos comparado con otros. En consecuencia, las redes tejidas por Orbán no deberían pesar mucho, pero nada más lejos de la realidad. Según un estudio del Global Project Against Hate and Extremism (GPAHE), entre 2000 y 2024 se han organizado más de 300 eventos de redes catalogables como de extrema derecha en 35 países occidentales, en los que han participado más de 3.000 ponentes en representación de 1.800 organizaciones. Entre las que han asistido a más encuentros, encontramos tres organizaciones húngaras: el Mathias Corvinus Collegium (3ª posición, superado solo por el Partido Republicano de EEUU y la Reagrupación Nacional de Marine Le Pen), el Instituto Danube (5ª) y Fidesz (7ª).

Entre 2000 y 2024 se han organizado más de 300 eventos de redes de extrema derecha en 35 países occidentales

Entre 2000 y 2024 se han organizado más de 300 eventos de redes de extrema derecha en 35 países occidentales

De hecho, Hungría es el cuarto país por número de ponentes en los eventos incluidos en el estudio de GPAHE, solo por detrás de Estados Unidos, Francia e Italia. Hay que tener en cuenta que el estudio aborda los primeros 24 años de este siglo y que Orbán impulsa su estrategia de internacionalización fundamentalmente a partir de 2012. Otro dato que ayuda a comprender la centralidad del país magiar en la actual galaxia ultraderechista es que, entre los ponentes con más conexiones con otros foros e individuos considerados influyentes, el primero es John O’Sullivan –británico pero residente desde hace tiempo en Hungría, donde dirige el Instituto Danube (ID)– y el tercero es Bálasz Orbán –presidente del Mathias Corvinus Collegium (MCC) y mano derecha de Orbán, con quien, por cierto, no tiene vínculos familiares–.

Si seguimos bajando por este listado elaborado por GPAHE, entre los primeros veinte ponentes figuran otros tres nombres clave en el entramado de redes húngaras: Gladen J. Pappin –politólogo estadounidense que se mudó a Budapest en 2021, donde preside el gubernamental Instituto Húngaro de Asuntos Internacionales–, Miklós Szantho –director del Centro de Derechos Fundamentales (CDF)– y Frank Füredi. Este último merece un pequeño paréntesis: nacido en Hungría, su familia se exilió a Canadá después de la invasión soviética de 1956. Füredi se mudó luego al Reino Unido, donde hizo carrera académica como sociólogo: en los setenta era miembro de la izquierda revolucionaria, pero a partir de los años noventa viró paulatinamente hacia posiciones conservadoras e identitarias hasta acabar, en 2022, como presidente de la sede en Bruselas del ya citado Mathias Corvinus Collegium.

Estados Unidos, la prioridad

El Centro de Derechos Fundamentales, el Instituto Danube y el Mathias Corvinus Collegium son las tres joyas de la corona del entramado orbaniano. El CDF, dirigido por Szantho, fue creado en 2013: solo para las actividades organizadas en 2024 recibió 11 millones de euros de la BLA, es decir, del gobierno húngaro. La misión principal del centro es “preservar la identidad nacional, la soberanía y las tradiciones sociales judeocristianas” y “contrarrestar los exagerados fundamentalismos de derechos humanos y corrección política de hoy en día”, como explica en su página web. Entre sus múltiples actividades, el CDF elabora y publica informes y estudios, organiza eventos, seminarios y conferencias, y financia las estancias de políticos, investigadores o periodistas extranjeros en Budapest para que se conviertan, a medio plazo, en propagandistas del orbanismo. Todo esto lleva a un único objetivo: hacer lobby. De hecho, el hiperactivo Szantho, así como los responsables del ID y del MCC, ha ido tejiendo relaciones estrechas con el mundo trumpista en Estados Unidos, con las extremas derechas europeas –especialmente en Polonia y España–, con los ultras de Israel y, más recientemente, con los de América Latina.

Son conocidas las excelentes relaciones de Orbán con Trump desde su primera victoria en 2016

Son conocidas las excelentes relaciones de Orbán con Trump desde su primera victoria en 2016

La prioridad para Orbán ha sido siempre Estados Unidos. Sus excelentes relaciones con Trump desde su primera victoria en 2016 son bien conocidas. Pero, ya antes, los lazos entre el mundo ultraconservador del país magiar y los republicanos estadounidenses eran estrechos gracias a la activa comunidad húngara residente en EEUU, así como........

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