El ajuste de cuentas: Ormuz y el fin de la hegemonía de EEUU
El cierre de una vía navegable estratégica por parte de una nación asediada figura entre los acontecimientos más excepcionales y trascendentales de la historia de la economía mundial. Solo ha ocurrido en dos ocasiones después de la Segunda Guerra Mundial. En 1956, Egipto cerró el Canal de Suez durante cinco meses, un acto que acabó con el imperio monetario británico y marcó el inicio de la era del petrodólar. Demostró por primera vez que un país pequeño podía infligir un daño grave al orden económico que lo había subyugado. Ahora Irán ha bloqueado de hecho el estrecho de Ormuz, por donde pasa una cuarta parte del petróleo transportado por mar en todo el mundo. La pregunta es si esta crisis anuncia el fin de la hegemonía estadounidense –y marca el comienzo de la lucha por quién o qué la sustituirá–.
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha dejado bloqueados a más de 3.000 buques en el Golfo Pérsico y ha provocado un déficit mundial de más de once millones de barriles de petróleo al día. Se han interrumpido cadenas de suministro enteras basadas en hidrocarburos: no solo las exportaciones de petróleo y gas, sino también los suministros de urea utilizada en fertilizantes, helio para semiconductores y azufre para equipos de defensa. Tras haber sufrido durante mucho tiempo las sanciones occidentales, Irán está ahora desplegando él mismo el arma económica.
Los efectos son devastadores y en cadena. Los fertilizantes se están agotando justo cuando los agricultores se preparan para sembrar la cosecha
Los efectos son devastadores y en cadena. Los fertilizantes se están agotando justo cuando los agricultores se preparan para sembrar la cosecha
Los efectos son devastadores y en cadena. En el hemisferio norte, los fertilizantes se están agotando justo cuando los agricultores se preparan para sembrar la cosecha de primavera. Lo mismo ocurre en Sudán, azotado por la hambruna. Egipto y Sri Lanka han puesto en marcha políticas de teletrabajo en un intento por racionar el consumo de petróleo. En El Cairo, se ha ordenado a las tiendas y restaurantes que cierren a las 21:00. Las divisas de toda Asia –desde el won hasta la rupia– se desploman por la salida de capitales. Turquía ha gastado miles de millones de dólares para estabilizar la lira.
Las ondas de choque se extienden más allá de las naciones con problemas de liquidez. En el Reino Unido, un gran importador de energía, los rendimientos de los bonos soberanos (que afectan a los costes de financiación del Gobierno) han subido a niveles no vistos desde la crisis financiera de 2008. Estados Unidos, el mayor productor mundial de petróleo y gas, puede estar más protegido, pero aún así se prevé que la inflación supere el 4 % en el transcurso del año. Los inversores han vendido masivamente bonos del Tesoro estadounidense a una velocidad y en un volumen que han obligado a algunos bancos de Wall Street a abandonar sus pantallas y volver al antiguo método de negociación cara a cara. China, que cuenta con vastas reservas energéticas, es una excepción al caos general. Los rendimientos de sus bonos se han mantenido estables.
La crisis de Ormuz es tanto una prueba de resistencia financiera como un ajuste de cuentas geopolítico
La crisis de Ormuz es tanto una prueba de resistencia financiera como un ajuste de cuentas geopolítico
La crisis de Ormuz es tanto una prueba de resistencia financiera como un ajuste de cuentas geopolítico. Podría significar el fin del reinado del dólar estadounidense como moneda de reserva mundial y como medida universal de valor –un estatus que ha sustentado la hegemonía estadounidense durante siete décadas–. En este periodo, el dólar ha denominado el precio internacional del crudo (cuyo comercio superó el billón de dólares en 2024) y la mayor parte de la deuda global, valorada en más de 100 billones de dólares en circulación. En los últimos años, el aumento de los precios de la energía ha tendido a fortalecer el dólar, transfiriendo riqueza a EEUU y alejándola de los países menos capaces de soportar la pérdida.
Ormuz aún no señala el fin de este complejo del dólar de los hidrocarburos, que siempre ha sido una mezcla explosiva de poder y volatilidad. Pero sí revela los cambios estructurales que serían necesarios para una transición hegemónica. Irán ha permitido el paso a buques de Estados “no hostiles”, a cambio de una tasa de tránsito de hasta dos millones de dólares, preferiblemente en yuanes. Si el mundo pasara del dólar de los hidrocarburos al petroyuan, se repetiría otro aspecto de la crisis de Suez, que puso fin al reinado de la libra esterlina como moneda de reserva mundial. A diferencia de 1956, sin embargo, las naciones del sur global tienen ahora una influencia política considerable para dar forma al orden económico mundial emergente.
La hegemonía estadounidense ya se había estado erosionando durante años antes de la crisis de Ormuz.
Los factores que impulsan esta situación son múltiples: el creciente descontento con el dominio del dólar, el ascenso de China como rival sistémico, el impulso para reducir la dependencia de los combustibles fósiles y una mayor asertividad geopolítica en el sur global.
Un punto de inflexión clave se produjo hace cuatro años, cuando Rusia invadió Ucrania
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Un punto de inflexión clave se produjo hace cuatro años, cuando Rusia invadió Ucrania. En respuesta,........
