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Nadie puede alcanzar aLol V. Stein

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17.04.2026

Este marzo recién pasado se cumplieron 30 años de la muerte de Marguerite Duras (3 de marzo de 1996). Pensando en ella, vuelvo a una de mis entrevistas favoritas, en especial por la respuesta que da a la pregunta: “¿Los psicoanalistas le enseñaron algo sobre Lol. V. Stein?”. A lo que Duras responde, socarrona como era: “Si un psicoanalista le hablara de un amor que usted está viviendo, ¿usted aprendería algo sobre ese amor?”

La entrevista está recogida en el maravilloso libro El último de los oficios: entrevistas 1962-1991 (Paidós, 2017), una cuidada investigación hecha por Sophie Bogaert, quien nos regala –para felicidad de sus lectores– a la Duras polémica, arriesgada y sobre todo magnética que nunca nos cansamos de leer. Cuando se hizo la entrevista, habían pasado quince años desde la publicación de El arrebato de Lol V. Stein (Gallimard, 1964), y no era la primera vez que le preguntaban a Duras por la relación de su libro con el psicoanálisis, especialmente con Lacan. Su novela, de hecho, dio origen a una cantidad inusual de textos psicoanalíticos: Lacan, Montrelay, Sibony, Fédida. ¿Qué revela la insistencia de esa pregunta?

El arrebato de Lol V. Stein se publicó en un contexto dominado por el estructuralismo y por un psicoanálisis –particularmente el lacaniano– que había alcanzado una visibilidad inédita, incluso televisiva. No resulta extraño que en 1974, durante dos noches de sábado consecutivas, millones de franceses se sentaran a ver y escuchar a un señor de setenta años hablándoles sobre el goce y el síntoma, entre otros hits. Se trataba del mismísimo Lacan. Francia venía de atravesar el Mayo del 68 y su resaca conservadora, y muchos intelectuales habían cambiado las barricadas por el plató, unas veces como consuelo, otras como estrategia para ganar la “batalla de las ideas”. En el popular programa Apostrophes, Bernard Pivot conversaba con escritores como si se los hubiera encontrado en un bar: Nabokov escondía el whisky en una tetera, Modiano sonreía tímido sin atinar dónde mirar, y Duras, rodeada de fotógrafos empeñados en retratarla, se........

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