Los bancos centrales, ante el dilema geopolítico: inflación, guerra y crecimiento
Las guerras siempre han tenido consecuencias económicas, pero pocas afectan tan directamente al funcionamiento de la economía global como aquellas que ponen en riesgo el suministro energético. El conflicto en Irán vuelve a recordarlo. Casi tres semanas después del inicio de las hostilidades, el precio del petróleo ha superado los 110 dólares por barril y los mercados financieros han reaccionado con nervios y bajadas significativas. Para los bancos centrales se trata de un escenario incómodo. Lo hemos notado en las reuniones de la Reserva Federal y el BCE de estos días. Un nuevo shock inflacionario provocado por la energía en un momento en el que el crecimiento ya comenzaba a mostrar signos de debilidad. Un dilema clásico de política monetaria. El encarecimiento del petróleo tiende a elevar la inflación, pero también actúa como un impuesto para empresas y consumidores, debilitando la actividad económica. Combatir el primer problema puede agravar el segundo. Y, sin embargo, ignorar la inflación tampoco es una opción, como la experiencia reciente nos recuerda. En 2021 y principios de 2022, muchos bancos centrales interpretaron inicialmente el aumento de los precios como un fenómeno transitorio ligado a la reapertura económica tras la pandemia. Cuando quedó claro que la inflación era más persistente, debido también a las consecuencias de la guerra de Ucrania sobre petróleo, gas y materias primas, se vieron obligados a subir los tipos de........
