Armas blancas
Resultan especialmente cruentas las armas blancas (llamadas así por el brillo y claridad del acero), para mí, sobre todo, las de corta longitud: cuchillos, navajas, ... dagas, puñales… Y las armas improvisadas: vi hace muchos años, pero el recuerdo permanece nítido, una pelea entre dos indigentes en la plaza de Santa Ana de Madrid en la que uno rompió una botella y le pegó un tajo en el cuello al otro. Casi más que la profusión de sangre que la presión de la mano no podía mitigar, me impresionó la cara de aterrado espanto del herido. Las armas blancas requieren el cuerpo a cuerpo para su esgrima, casi el abrazo. Son memorables los cuentos de Borges en los que hay duelos de gauchos cuchilleros; la descripción del baile mortal con el cuchillo en una mano y el poncho arrebujado en la otra. Y siempre me impactó el asesinato de Julio César, en el que los conjurados, para compartir la culpabilidad, clavan uno detrás de otro sus puñales en el cuerpo del prócer, hasta la puñalada final de Bruto.
El término cuchilla me añade un grado de crueldad. Quizá por el género femenino, que me resulta una cierta contradicción o un matiz morboso con su concepto de hoja muy afilada de corte fino, rasgado y a la vez profundo. Todos tenemos la imagen cinematográfica y terrorífica de Freddy Kruegger y sus guantes prolongados con largas cuchillas. Menos conocida es la pericia de los verdugos chinos en el suplicio de los cien pedazos. También se le llama cuchilla a la hoja de afeitar, que cuando se emplea para seccionar venas en vez de para rasurar la barba adquiere a su vez una categoría siniestra. Produce un escalofrío cuando el masoquista personaje de Isabelle Huppert la utiliza en su entrepierna en 'La pianista'.
Como saben, la larga verja que separa Melilla de la frontera con Marruecos estaba coronada por alambre cuajado de afiladas cuchillas. Se intentó de ese modo medieval disuadir a los inmigrantes ilegales de que intentaran saltarla. Los terribles cortes en manos y pies no conseguían la disuasión, pero aseguraban la sangre. El ingenio tenía además un nombre como de resonancia festiva: concertinas. Las protestas consiguieron que fueran retiradas en 2020. Me acuerdo que de crío, en el pueblo, un amigo de la pandilla se hizo unos profundos cortes en las manos en el intento de subir a un muro de piedra que defendía unos manzanos. La cima del muro estaba llena de trozos de botellas, dispuestos en punta, fijados en cemento y ocultos por una espesura de enredaderas. La mente del aldeano que ideó esa trampa estaba en sintonía con la de los artífices de las concertinas.
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